Hace 2 años me fui a vivir con mi novio y la independencia nos sentó genial. Podíamos hacer cosas que no podíamos hacer en casa de nuestros padres. Unas navidades le regalaron los padres a su hermana un perro, un bichón maltés para ser concretos. Era una monada una bolita de pelo blanco. Parecía un peluche, era precioso y muy suave. Después de la comida de Navidad volviendo a casa en coche mi novio dijo que quería un perro. Que sus padres nunca les dejaron tener un perro en casa y que ahora que su hermana se había ido de casa se lo habían regalado. Lo primero que pensé es que era mucha responsabilidad y se lo dije. El me dijo: no lo entiendes, mi hermana y yo desde pequeños queríamos un perro y nunca nos dejaron y por eso se lo han regalado a mi hermana. Le pregunté que si eso le suponía un trauma infantil que se había convertido ahora en un capricho. El me dijo que lo quería de verdad, de corazón.
Yo cedí y él adoptó un perrito pequeño de poco tamaño de una asociación y dijeron que no crecería más. Fuimos a recogerlo con mucha ilusión porque sería parte de nuestro hogar y “el sueño cumplido de mi novio”. En el viaje en coche de dos horas para recogerlo le dije: va a ser tuyo, sólo tuyo, tu responsabilidad. Y él decía que sí que sí no te preocupes.
A mi novio le duró su dedicación al perrito la primera semana. La segunda semana ya estaba pidiéndome que lo sacara yo, que él tenía que ir al gym, que él iba a tardar más a salir de trabajar una tarde, que tenía que ir a casa de su hermana de visita y no se iban a llevar bien… sea como fuere ya estaba yo cargada con el perro mínimo una salida al día. No es que no me gusten los perros, es que yo no quería uno, Quien lo quería era él.
Yo venga a darle charlas a mi novio de concienciación, de responsabilidad, y él siempre pidiendo por favor. Hace 6 meses el perro enfermó y generó casi 2000 eros de gastos entre ingreso hospitalario y medicación. Yo le dije que lo tenía que pagar él.
Y mi novio se enfadó exigiéndome la mitad. Le dije que a qué nombre estaba el chip, y dijo que al suyo, pues blanco y en botella, es tuyo, tu querías un perro y yo no y aún así pringo sacándolo, tiempo que me quito del poco tiempo libre que tengo. La factura está pendiente.
Mi novio le dijo a la veterinaria que yo no quería pagar la factura y ahora me miran como si yo deseara la muerte del perro y no es así. Le he cogido cariño de tantos ratos de sacarlo pero no es mío, es suyo. Le he dicho que si pago la mitad me quedo sin dinero para la única semana de vacaciones que tenemos al año y me ha dicho que esto es más importante, que él se sacrifica sin vacaciones.
Pero yo no quiero perder mis único siete días de vacaciones del año. ¿Soy egoísta? ¿soy anti perros? ¿llevo razón?
