Querida yo del 2019:
Siento la necesidad de escribirte esta carta para pedirte perdón. Perdón por haber tardado tanto tiempo en preocuparme de ti, o sea, de nosotras. 28 años han tenido que pasar para parar nuestra vida y cambiar de tren de camino a otra nueva. Alguien dijo una vez que “nunca es tarde, si la dicha es buena” y tenía razón.
Perdón por no haberme atrevido antes a cambiar las cosas que no funcionaban en nuestra vida. Por intentar auto convencernos de que cuando nos mirábamos al espejo, nos gustaba lo que veíamos, y todo por no ser capaces de sacar fuerzas para luchar por lo que queríamos.
Perdón también por habernos forzado a tener gente tóxica en nuestra vida, gente a la que queríamos lejos, pero teníamos miedo de dejarlos ir.
Este 2019 ha sido un año de cambios y de los grandes. Hemos salido de nuestra zona de confort y ahora tenemos nueva casa, nuevo cuerpo y nueva mente.
Quiero que siempre recuerdes este año como en el que fuimos valientes y tomamos el control total de nuestro cuerpo, aprendimos a valorarnos y a querernos. También a cuidarnos. “Mens sana in corpore sano”. Por fin nos miramos en el espejo y vemos lo que siempre habíamos querido ver. Y lo hemos hecho por nosotras.
Hemos descubierto la grandísima fuerza de voluntad que tenemos y ahora sabemos que no éramos conscientes de lo fuerte que somos hasta que lo hemos necesitado.
También hemos cambiado nuestro círculo social, sacando a aquellos que no aportaban, dejando entrar a gente que apunta maneras y cuidando como nunca a los que siempre han estado.
Hemos luchado, nos hemos revelado y nos hemos empoderado. Pero también hemos sido conscientes de lo vulnerables que somos, siempre vigilando, por si acaso.
Hemos aprendido a decir que no a aquello que no queríamos o no nos apetecía hacer, sin miedo al “que dirán”.
Hemos aprendido a que las críticas sin fundamento nos resbalen, y a aprender de aquellas que son constructivas. También a saber callar cuando debemos, porque hay veces que es mejor no decir nada, ¿para qué?
Hemos aprendido que estar tristes y demostrarlo, no tiene nada de malo. Que tener un día complicado en el que quieres estar sola y llorar es normal, y que, como dice La Vecina Rubia: “Los nudos del pelo se deshacen peinándolos. Los de la garganta, llorando”.
Y acabamos el año pensando en todo lo que conseguiremos en el 2020, porque somos capaces de comernos el mundo. Llegamos al final del año felices y orgullosas, rodeadas de lo que queremos y de lo que necesitamos. Pero sobretodo acabamos el año queriéndonos.
A.C.