Esta no es mi historia, sino la de mi tía Cata (la llamaremos así para contar este pedacito de su vida). La semana pasada quedamos la mayor parte de la familia para ir a visitar el cementerio y poner flores a las tumbas de los seres queridos que ya no están. Fue entonces cuando mi tía contó algo que nos partió el corazón y nos hizo volver a tener esperanza en la vida y en el amor.
Mi tía Cata se casó muy joven (18 años) porque quedó embarazada y eso era lo que se esperaba que hiciera. Casi desde el principio, su marido la trató mal, había peleas y discusiones constantes, lo que hizo que los primeros años de vida de mis primos fuesen muy duros. Ella trabajaba de todo lo que podía, y él salía de fiesta siempre que le apetecía. Aguantó hasta que mis primos empezaron la universidad en otra ciudad y se separó con una situación económica muy precaria. Tuvo que irse a trabajar a otra comunidad, la única oportunidad laboral que tuvo en ese momento, dejando atrás muchas cosas.
Su nuevo empleo era de interna con un hombre de una edad similar a la suya, había quedado postrado en una cama por ELA, y su familia no podía hacerse cargo de él. Así que pasó casi cinco años cuidándolo, compartiendo vivencias, siendo confidentes el uno del otro, y pasando a ser grandes amigos.
A él le encantaba la música de todo tipo, era uno de sus sueños frustrados, aprender a tocar un instrumento. Mi tía Cata nos explicó que jamás pensó que podían gustarle Camarón, Silvio Rodríguez o ABBA, y él «se los presentó».
«Yo canto fatal, pero cuando él ya no pudo seguir hablando, me insistía para que le cantase canciones de Alejandro Sanz y La Oreja de Van Gogh, que eran los que mejor conocía», nos contaba hace unos dias, riéndose mientras se le escapaba una lágrima. «Y cuando sonaba la canción de La Oreja que decía la frase de -Te voy a escribir la canción más bonita del mundo-, nos mirábamos con muchas emociones, buenas y tristes, porque no sabíamos como decir ciertas cosas».
Él, «Pepe», se fue hace diez meses, y su única compañía fue mi tía Cata. Sus hijos, ex mujer y su hermana solo fueron al tanatorio y al funeral. Todos los que le conocieron decían que había sido buena persona, era muy querido, pero realmente fue mi tía Cata la que le demostró cariño.
En esa reunión familiar que tuvimos hace unos días, nos reconoció que se había enamorado de él y aún seguía de luto por su pérdida. Ella no nos dijo nada de eso durante el tiempo que estuvo trabajando para él, solo sabíamos que estaba muy bien y estable.
Yo le pregunté si alguna vez le dijo directamente que le quería, y me contestó que cada vez que escuchaban esa frase de la canción, se lo estaban diciendo el uno al otro.
