Vengo aquí a confesarme.
Estoy teniendo una aventura desde hace tres meses aproximadamente.
Es una historia complicada, mucho y soy consciente de que la que lo estoy haciendo mal soy yo.
Os pongo en situación:
Me casé hace ya veinte años con mi pareja, éramos muy jóvenes cuando nos conocimos. Ambos teníamos 18 años. Nos conocimos en la universidad porque estudiábamos lo mismo. Él es el tío más inteligente, divertido y lanzado que he conocido. Estar con él era una aventura diaria. Nos casamos muy rápido, al terminar la carrera ambos aprobamos unas oposiciones de profesorado y nos tiramos a la piscina. Tardamos años en ser padres y aquí viene el tema.
En el plano sexual él siempre había sido bastante parado. Podíamos pasar semanas o incluso meses sin follar porque él nunca tenía ganas. Yo la verdad es que acepté que esto era así y aprendí a satisfacerme a mí misma, aunque no os niego que el pellizco siempre estaba ahí. Es verdad que había poco sexo pero algo había. Y a mí me compensaba todo lo demas. Hace unos años me pidió hablar, estaba muy agobiado. Nos sentamos y me dijo que era asexual. Y que no podía evitarlo. Que para él las relaciones sexuales no es que fueran algo secundario, es que le producían rechazo. Que lo había intentado pero que no podía más. Yo estaba (y estoy aunque no os lo creáis) muy enamorada de mi marido. Es que no os imagináis lo que lo admiro y lo quiero. Y acepté continuar nuestra relación bajo esos nuevos términos. A ver, nunca habíamos tenido una vida sexual activa así que pensé que iba a poder soportarlo. Jamás volví a pedírselo porque entendí que hacerlo era forzarlo a hacer algo que no quería.
El caso es que poco a poco esto fue minando mi autoestima. Sí, sé que no tiene nada que ver con eso pero no sentirse deseada es durísimo. Y aquí llega lo que me hace sentir como la persona más miserable del mundo.
Ambos trabajamos en el mismo instituto. Y en el mismo departamento. Y este curso llegó al centro una nueva compañera. Es guapa a rabiar, divertida, creativa y muy, muy sexual. Aclaro que yo siempre he sido bisexual, no es que me haya pillado de nuevas. Y yo qué sé, el roce hace el cariño. Empezamos a quedar para tomar unas cervezas con los compañeros, luego para ir a correr las dos solas y un día, sin saber cómo pasó, nos acabamos besando en el baño de un pub con todo el claustro fuera, incluido mi marido. Y sí, podía haberlo frenado ahí. Podía haberle dicho que soy una mujer casada y que no hay nada que hacer. Pero no lo hice. Desde entonces nos acostamos casi a diario. Aprovechamos cuando decimos que vamos a correr para ir a su casa. Y os juro que me da la vida. Ambas sabemos que es puramente sexual, que se marchará el curso que viene y aquí paz y después gloria. Pero me hace vibrar en el plano físico. Es alucinante. Supongo también que porque desde que comencé con mi marido nunca he tenido eso.
El tema es que la química se nota a kilómetros. Estamos juntas en el departamento y saltan chispas. Es tan evidente que han empezado los rumores. Por supuesto a mi marido le da absolutamente igual lo que digan los demás. No sé si ni se lo plantea o sí es que le da lo mismo que me acueste con otras personas.
He pensado hablar con él y decirle la verdad. Que lo quiero pero que al igual que él no tiene necesidades sexuales yo sí las tengo y que no voy a exigirle jamás nada sexual pero que tenemos que llegar a un acuerdo que nos satisfaga a los dos, porque hasta ahora he sido yo la que he cedido por él. Pedirle abrir la pareja solo en el plano sexual. Yo jamás he creído en ese tipo de relaciones pero es que me veo entre la espada y la pared. Por una parte no quiero perderlo. No quiero dejarlo porque no tengamos sexo, porque todo lo demás es genial. Pero reconozco que soy incapaz de vivir sin sexo. No puedo.
En ese sentido somos polos opuestos. Él es asexual y yo puro fuego.
Tengo la sensación de que no le va a importar pero tengo un miedo atroz de que sí le importe y quiera poner fin a nuestra relación.
Y así ando, sintiéndome miserable por una parte pero volviendo a la vida cada vez que estoy con mi amante.
