¿Seré yo? Qué difícil es querer cuando no te quieres a ti misma. Qué difícil es creerte que alguien te quiere cuando no te quieres a ti misma. Y es que toda mi vida se encargaron de recordarme que nadie me podría querer nunca.
Todo se remonta al colegio, los primeros amigos y los primeros desengaños. La primera vez que te hacen el vacío, la primera vez que se ríen de ti, la primera vez que te llaman gorda, la primera vez que te llaman fea… y la primera vez que te lo crees. Y se queda ahí, ya pasen años, personas, lugares… siempre volverán esas palabras a tu cabeza. Todo se hace más duro cuando no puedes huir. No pasé al instituto hasta el bachiller. Pasé trece años de mi vida con las mismas personas que me recordaban todos los días lo fea, gorda, insoportable y pringada que era. Todos los días.
Yo no me quería, ni dejaba que nadie me quisiera ¿Cómo iba a quererme alguien? Y aunque parecía que lo hacía “Se estará riendo de mi”. Porque cuando vi la luz y me conseguí abrir al mundo, llegaron los palos por parte del género masculino. Ellos y su superficialidad… o eso creía. A la larga me di cuenta que era culpa mía, pensaba que nadie me iba a encontrar atractiva y al primero que me echaba cuenta le intentaba dar mi corazón. Y éste una vez más sufría el rechazo.
En medio de mi espiral particular de atracones, dejar de comer, anemias… llegó una beca. Un viaje de un mes a una isla para aprender inglés que me cambió la vida. Encontré a gente que me hizo creer que yo valía algo. Experimenté algo parecido a la felicidad. Cuando volví no era la misma. Me dí cuenta que valían más mis palabras que mi físico. Y engordé. Y fui la amiga regordeta, graciosa y loca. Muchas fiestas, fotos que a día de hoy me parecen denigrantes pero oye… era feliz dan fe de ello. Y entonces… otra vez las voces “Eres gorda” “Eres fea” “No te va a querer nadie”…
Y cuando menos me lo esperaba… llegó alguien que si que me quería. Cogió mi mano y me enseñó la luz. Me hizo ver que mi talla 38 (a día de hoy) no era estar gorda. Que no era fea. Sus ojos no me veían así. Y las voces aunque no hayan desaparecido del todo, casi ni se oyen. Tengo fantasmas que vuelven de vez en cuando, pero ya está él que me recuerda que son simples fantasmas, no existen. Y para él era yo. Soy yo. Y dice que siempre seré yo a la que elija.
No eres gorda, no eres fea. Son fantasmas. No existen. Porque tú eres bella, vales más por lo que hablas, lo que piensas, lo que expresas que por tu físico que a su modo también es bello. No caigas en el pozo en el que caí, porque tú vales mucho y aunque no te lo creas hay mucha gente que piensa eso.