“No quiero asustarte, pero hay algo que no va bien” Le dije a mi marido sentada a los pies de la cama cuando noté que tras un pequeño esfuerzo no podía llenar los pulmones de aire completamente, ese mismo día llegaron la fiebre, la tos y los dolores musculares. Era el 23 de marzo de 2020, 10 días después de decretar el Estado de Alarma.
La imagen que nos llegaba de los hospitales era desoladora. “Si no tiene fiebre superior a 38º termometrada ni problemas para respirar, por favor, manténgase en casa” decía incansable la grabación del contestador de Salud Responde. Imposible hablar con nadie.
En la fase inicial no fui diagnosticada de Covid-19, ha tenido que pasar un año hasta que mi Internista, afectada también por Covid Persistente, ha escrito en mi historial las palabras LONG COVID.
A los 50 días estaba asustada, el desconocimiento sobre esta afección era tal que en ocasiones sentía que era algo que podía estar pasándome solo a mí, y las noches de insomnio las pasaba buscando en internet información. Encontré un artículo de una chica que decía encontrarse como yo, y ese artículo me llevó a una noticia que había escrito un doctor de Estados Unidos, que explicaba que tras haber pasado la infección por Covid no había recuperado su vida. Contaban exactamente lo mismo que me sucedía a mí. Recuerdo leerle a mi marido esos artículos en voz alta y no conseguir terminar, el nudo de la garganta terminó por ahogar y rompí a llorar.

Fue en una de aquellas noticias donde leí que en Cataluña un grupo de afectados se habían organizado y habían creado un colectivo. Yo decidí hacer lo mismo en mi comunidad. No pasó una hora desde que había creado la cuenta de Twitter de Long Covid Andalucía cuando ya tenía el buzón de mensajes llenándose. Cada mensaje recibido parecía gritarme “¡No estás sola!”
Y es cierto, no estaba sola, pero a aquel grupo de afectados y a mí nos quedaba por
delante mucho que batallar. Lo que nos sucedía no era algo que se contemplara, nos habían dicho que en unos 15 días los síntomas desaparecían, y yo llevaba padeciéndolos casi 3 meses. Los profesionales sanitarios no reconocían lo que estábamos padeciendo.
En un año la lista de medicamentos que he tomado ronda los treinta, me han hecho quince analíticas, trece radiografías, dos TACs y tres Resonancias Magnéticas. He visitado urgencias más de veinte veces. Nunca me había sentido tan enferma. Soy una sombra de lo que era.
He vivido con un banquito junto a la ducha para poder descansar, porque ducharme resultaba agotador. He tenido que desviar las llamadas de mi móvil, porque la tos y el ahogo no me permitían hablar por teléfono. He vivido aislada dos meses en mi habitación. He dejado de leer. He sufrido pérdidas de memoria. He visto como la vida continuaba y yo no
podía levantarme de la cama. He tenido dificultades para caminar, hablar, leer, tragar. He sido absolutamente dependiente.
El Long Covid es una realidad, gracias al incansable esfuerzo de los afectados el Ministerio de Sanidad ha reconocido su existencia. La OMS advierte que un 10% de los contagiados podría sufrir Covid Persistente.
A día de hoy me siento mejor. Tengo 34 años, tomo 15 pastillas diarias y no pierdo la
esperanza de volver a ser quien era.