Era solo un beso. Uno de esos besos llenos de cariño. “Inofensivo”, me dijeron. Pero terminó siendo una pesadilla.
Mi bebé tenía apenas 6 meses. Lo habíamos llevado a casa de la familia. Todos querían cargarlo, tocarlo, besarlo, y yo sin querer parecer exagerada… lo permití.
Días después empezó la fiebre. Estaba irritable, lloraba sin consuelo. Y luego… esas lesiones. Pequeñas al principio. Pero se extendieron como fuego por su piel, su boquita, su carita.
Cuando llegamos al hospital, nos dijeron lo que jamás imaginé escuchar: infección herpética diseminada.
Un virus, el herpes simple tipo 1, había invadido su cuerpo. Un virus que en un adulto suele causar una simple calentura… pero que en un bebé, con su sistema inmune aún inmaduro puede ser devastador.
La infección avanzó rápido. Recibió antivirales intravenosos. Estuvo en observación día y noche.
Y yo no podía perdonarme. Todo por un beso.
Desde entonces lo digo fuerte y claro:
Nadie debe besar a tu bebé en la cara ni en las manos.
No importa si es la abuelita. No importa si se ven “sanos”. Los virus no siempre dan señales. Y no piden permiso para atacar.
Dile que no a la tía besucona. Dile que no al “ay, sólo es un besito”. Protege a tu bebé, aunque incomode a otros.
Porque lo que hoy parece un gesto de amor…
mañana puede terminar en una cama de hospital.
Yo soy la madre de ese bebé. Y esta es nuestra historia.
