Que la sociedad está jodida no es ninguna novedad, pero este es un concepto que con 13 años yo no tenía claro: la que estaba jodida era yo. Todo empieza un verano en el que, siendo aún una niña, decido no ir a la playa, decido no enseñar mi cuerpo, decido no ponerme pantalones cortos ni faldas, decido no comer helados. No soy consciente aún, pero algo empieza a arrebatarme la niñez. Al comenzar el colegio empiezo a tirar el bocadillo del almuerzo a la basura, prescindir de los postres, de la merienda. Mi dieta consiste en comer lo mínimo. Mis padres, preocupados, me llevan a la pediatra, la cual me lleva a la unidad de salud mental infantil. El diagnóstico marca un antes y un después: anorexia nerviosa. Esta es una etiqueta de la que no me deshago en los próximos seis años.
¿Que me lleva a este punto? Puede que el tallaje de las tiendas, las modelos de las revistas, las burlas de algunos niños… Definitivamente, el compararme con los demás. En ese momento ya no había nada que hacer, las puertas del infierno ya estaban abiertas. No recuerdo exactamente la de días que era capaz de estar sin comer. Recordar el rostro desesperado de mi madre al tenerme cuatro horas frente a un plato y no pegar ni un bocado ahora me estremece. Pero en ese momento mi alma estaba vacía y mi obsesión por adelgazar más y más, me empujaba al límite. Empiezo a intentar vomitar, a tomar laxantes, a hacer tablas de ejercicios totalmente insalubres para quemar todo lo que entraba en mi cuerpo. Como os podéis imaginar, mi cuerpo esquelético no tenia energía alguna. Al dar dos pasos ya me mareaba, me cansaba. Mi vida era nula.
Poco a poco empiezo a aislarme. Dejo de salir con mis amigos, con mi familia. Miento mil veces, digo que estoy cansada, que no me apetece. ¿La verdad? Sentía vergüenza. Sentía vergüenza de que me viesen así de gorda. Si, mis 45kg en el espejo me resultaban desproporcionadamente grandes. Cada vez que veía mi reflejo me sacaba un defecto más, un motivo más para odiarme. El odio hacia mi misma aumenta vertiginosamente. Empieza a relajarme el pensar en la muerte. En este momento decido darme por vencida, ya no me centro tanto en adelgazar, sino en hacerme daño. Entro en una depresión de lo más oscura y tormentosa. Decido empezar a autolesionarme. Recuerdo con nitidez, la primera vez que le saqué la cuchilla a un sacapuntas. La primera vez que desmantelé una cuchilla de afeitar. Esto se volvió peligrosamente adictivo. Mi psiquiatra me lo dijo: era tan adictivo como la cocaína. Me daba placer, un placer macabro y terrible. Me cortaba siempre que lo necesitaba, en medio de clase, en la calle, en casa… Daba igual donde. Veía sangre por todos lados. Era obsesivo. Podía llegar a cortarme cien veces al día sin inmutarme, era como si tocase el violín. Era frenético. Me sacaron del instituto en ambulancia varias veces. Los ataques de ansiedad al verme rodeada de gente también eran muy frecuentes. Finalmente llegó el día en el que decidí llegar al final. Estaba cansada, sin fuerzas, sola. Nada valía la pena ya. El corte fue limpio. Justo ahí, cuando mi visión poco a poco se iba oscureciendo. Cuando oyes los llantos de tus padres. Sabes que has tocado fondo, y aunque no te quieres nada, decides que el único camino a seguir es hacia arriba, solo por el amor que sientes por los que te rodean.
Este fue un proceso difícil, duro, lleno de altibajos, de recaídas, de ganas de rendirme otra vez. Pero siete años después aquí estoy, completamente recuperada. De 40kg a el doble. De la XS a la L. De la 36 a la 44. El mundo sigue frustrándome muchas veces, ¿pero sabéis qué? que me da igual. Me quiero, ¡me quiero! Me adoro, me gusto, me encanto. Creía que jamás sentiría esto, pero ya es toda una realidad. Me quiero con mis defectos y mis virtudes, y es maravilloso. Soy feliz. Adoro salir a la calle, estar con mi familia, con mis amigos, comer, descubrir lugares nuevos, conocer gente nueva. La vida se me presenta deliciosa y no puedo resistirme a ella. Puedo decir que he sobrevivido al intento de homicidio de una sociedad enferma. Comparto mi experiencia con todas aquellas personas que aun están luchando, a todas las que quieran ayudar. Nunca tiréis la toalla, nunca. Recordadlo siempre, podemos con todo. ????