Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
“Voy mal de pasta”, entre comillas.
Con esto que voy a decir no quiero que parezca que me posiciono a favor de nuestros sueldos ni de las constantes subidas de precio. Un NO rotundo a que hoy en día te cobren hasta más de 2 euros por un café con leche. Pero, sí me cuestiono muy frecuentemente si nos hemos acostumbrado o bien, a vivir un poco a remolque con nuestras cuentas o, a quejarnos demasiado rápido de que el dinero se nos gasta.
Eterna dualidad.
El dinero no se evapora.
Se va fácil, si, de hecho, calculando la suma entre hipoteca o alquiler, gasolina, gastos de comunidad, luz, gas, agua y comida, ya te has gastado uno de los dos sueldos si vives en pareja, o un gran porcentaje del tuyo si vives tú contigo misma. Pero claro, me pongo a hacer memoria; a mis gastos fijos de mes se une la linea del móvil, una cuota mensual para almacenar en la nube porque ya no me caben más fotos en la memoria del teléfono, Netflix, Amazon Prime, Spotify (premium además para no oir anuncios), algún podcast al que me he suscrito y gimnasio, que aunque voy poco, lo pago. Y espera, que voy. Llevo las uñas semipermanentes hechas, ayer estrené un jersey y todos todos los días salgo del trabajo después de comer a tomarme un café con las compañeras. Que sí, que qué menos, que después de las jornadas de trabajo que nos metemos entre pecho y espalda, nos merecemos esa tacita de café, a veces, hasta con tarta.
Pero luego comento, con ellas mismas y otros círculos. “Joder, este mes, es que vamos que no vamos. Y claro, ahora enseguida tocan los seguros del hogar. Uy sí, y el mes que no es el seguro es que se te rompe la lavadora. Ah calla, y que hay que sumar a los gastos fijos el coche y la guardería del niño. Tela.” Y de verdad que tela. Pero coño, el otro día me fui al cine con mi marido y entre entradas, palomitas y chucherías, ¡nos dejamos 30 euros!. Si tan apurados fuéramos, pues nos habríamos visto la peli en el sofá.
Ahorramos muy poco los jóvenes hoy en día. Tampoco es que vivamos a todo tren. Pero nuestros caprichos nos damos. Algún mes vemos incluso las cuentas en números rojos. Pero el dinero está para gastarlo. Si es que no me aclaro ni yo…
Lo que intento repetirme y repetir a los de mi alrededor es que vivir como vivimos, aunque acabemos el mes con sólo unos céntimos sobrantes, es un privilegio. Ir mal de pasta, sin entrecomillarlo, son esas personas que no se pueden permitir el café, el cine o el jersey. Los que van a la compra y tienen cuidado de no salirse de un presupuesto. Yo misma, aquí me confieso, no hay semana que eche al carro algo extra que se me antoja en ese momento.
Y que ojalá todos pudieramos vivir con la tranquilidad de que, como es mi caso, una pareja con dos personas que trabajan y un solo hijo, no tuvieran que cuestionarse si les llega o no para hacer una escapada de fin de semana. Pero que debemos ser objetivos, salir del bucle en el que estamos y quitarnos tal peso de las espaldas. O eso, o entrar en una vida de abstinencia. Que ya lo decía Groucho; “¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!”.
