Test positivo.
Alegría inmensa.
Dejas de comer todo lo que no puedes comer. Te pones manos a la obra con todo lo que tenías pendiente, tienes nueve meses para hacerlo.
El doctor te dice que es muy pronto. ¿Quieres que me acerque cuando esté de 6 meses? Pide cita con la matrona. Hasta dentro de 3 semanas nada. La administrativa te dice “¿pero es seguro, no?”, cuando ni le va ni le viene.
Síntomas de todos los colores y tipos, algunos conocidos y otros no tantos.
Todo va bien pero empiezas a sangrar un poco. Luego un poco más. Luego mucho más.
Rezas a San Google que esto sea un sangrado de implantación.
Pero no tiene buena pinta. Has leído los riesgos del primer trimestre, sabes que puede pasar. ¿Pero cómo sabes si realmente te está pasando a ti?
El sistema sanitario no te quiere tan pronto. El sistema social no quiere que digas que estás embarazada “si no es seguro”.
Nunca es seguro.
Lloras un rato. Sin saber realmente si estás bien o no. Tendrás que llamar al doctor otra vez, sí, ese que te dijo que era muy pronto.
Este camino está lleno de baches.
¿Y ahora, qué?