Hace dos meses, la gorda se casó!
Hoy, hago dos meses de casada. La verdad es que nunca jamás pensé que me casaría, desde niña, niña, tenía claro que no me iba a casar, más que nada porque estaba convencida de que nunca nadie me iba a querer siendo como era, así que… mejor tener claro desde el principio que la soltería iba a ser mi eterna compañera.
Y un día llegó un chico a mi vida, llegó casi sin hacer demasiado ruido, yo, como siempre, estaba convencida de que esto terminaría, él se acabaría yendo por hartura, porque llegaría otra más delgada, más guapa y más rubia, o porque simplemente yo no me merecía que nada bueno durase… pero oye! que el tío aguantó y aguantó… y se lo curró… yo misma hice cosas para cargarme la relación, porque seamos sinceros, al final prefiero cargármelo yo todo antes de que me hagan daño… y nada, no permitió que esto se rompiera… y logré darme cuenta de que era el hombre de mi vida, que no me iba a abandonar, que me quiere tal y como soy, gorda o delgada, en épocas buenas y malas, depilada o con más pelos que el Yeti…
Y llegó el anillo de compromiso, llegó la preparación de la boda, y llegó la boda!!!
He de confesar que el proceso de llegar hasta la boda fue, a ratos, una tortura psicológica. Me aterrorizaba el día… me aterrorizaba el momento de llegar a la puerta de la Iglesia y… zas!!! un montón de ojos mirándome… Dios! dónde me iba a esconder en ese momento?? Yo, que aunque sea una XXL, soy especialista en pasar desapercibida… iba a ser el centro de las miradas sin escapatoria… ¿qué pensaría la gente? «mira cómo va… está gordísima, no sé cómo se ha atrevido a ponerse ese vestido…»… o «es increíble que ésta haya conseguido casarse»… o vete tú a saber qué miles de atrocidades…
Pero lo siento… mi parte sana, la que he conseguido hacer florecer, la que me acepta tal y como soy, la que me ama sin condiciones, se negaba a dejar que eso se interpusiera!!! Me merecía una boda como me diera la gana, con el vestido que me diera la gana y con el hombre más maravilloso que hay en la tierra.
Y así lo hice, me costó ansiedad, tics nerviosos, contracturas musculares y hasta resfriados que nunca se iban… pero lo hice, me compré el vestido de novia que quería llevar, de super princesa, llevé unos zapatos rojos, los labios rojos y las uñas rojas porque quería, aún sabiendo que iba a llamar más la atención si cabía… pero iba a ser el día más feliz de mi vida hasta ahora y quería hacerme ese regalo, quería sentirme una princesa de cuento por una vez en mi vida… ya estaba bien de ser siempre la actriz secundaria que está de relleno… esta vez era la protagonista!!
Fue el día más feliz de mi vida, no pude parar de reír, dejé los miedos a un lado, no de forma consciente, creo que es que la felicidad me inundaba de tal manera, que nada podía estropearme ese día… estaba feliz, pletórica, enamorada, me sentía bonita, acogida y amada…
Me alegro mucho de haber vivido ese día así, es un regalo que me dí a mí misma y que me va a acompañar para siempre.
