Hola chicas,
Tengo 38 años, vivo con mi chico desde hace un par de años y la convivencia es buena. Compartimos un proyecto de paternidad que nos ilusiona, tenemos planes de futuro y en general la relación es estable, bonita y tranquila. Él me quiere y yo lo quiero, no hay dudas de eso.
Pero hay algo que me pesa: el sexo. No está mal, pero no es la locura que recuerdo de cuando estaba soltera o con mi ex. Echo de menos esa chispa, esa electricidad de no saber qué va a pasar, ese deseo que te deja sin aire. Con mi chico todo es más cómodo, más seguro… y aunque disfruto de la intimidad, muchas veces me quedo con ganas de más.
Y lo que me da miedo es este pensamiento que no me quito: ¿y si nunca más vuelvo a sentir ese placer salvaje? Ese de perder la cabeza, de quedarme temblando después. Me asusta que ya lo viví y que ahora solo me queda un sexo correcto, sin esa intensidad.
Para complicar las cosas, tengo un compañero de trabajo más joven que a veces me mira de una manera que me enciende. No pasa nada (ni debería pasar), pero esas miradas me recuerdan que sigo viva, que todavía puedo sentir esa chispa. Y justo dentro de unas semanas tenemos que ir juntos a un congreso. Ya me rayo pensando en qué pasará: las miradas, los ratos a solas, el ambiente de hotel… y aunque no quiera, sé que voy a sentir la tentación. Y eso me da un poco de vértigo porque no quiero traicionar lo que tengo en casa.
Así que estoy en este punto raro: por un lado tengo una relación estable, bonita y con planes de futuro; por otro, esta nostalgia de la pasión loca y ese miedo a no volver a sentirla nunca más. Y encima con el viaje, siento que se me va a mover todo por dentro.
¿Os ha pasado algo parecido? ¿Cómo habéis manejado ese miedo a “no volver a sentir nunca más”?
