¡Hola a todas! Llevo leyéndoos un montón de tiempo y hoy soy yo la que OS necesita. Últimamente he leído mucho por aquí sobre embarazo y tabaco, y efectivamente mi post va sobre esto mismo.
Yo era fumadora. Digo que lo era porque por más que me costó, en cuanto vi mi test positivo dejé tajantemente el tabaco. Tenía una adicción muy bestia, lo juro, y hubo días en los que a punto estuve de comprarme un paquete y fumármelo entero. Pero fui fuerte y lo logré, espero que para siempre.
La cosa es que mi marido también fuma, y no poco. Además es de los que se la suda todo y se enciende el cigarro como si no molestase a nadie. En casa está acostumbrado a fumar en cualquier habitación. Cuando me quedé embarazada le pedí que empezase a recortar el consumo. Él me dejó claro que su intención era dejarlo antes de que naciese nuestro hijo y a mí me pareció perfecto ya que no creo que un hogar con humo sea el mejor espacio para un bebé.
Pero la realidad ha sido bien distinta. Los 9 meses de embarazo siempre encontraba una disculpa para fumar. Le recordabas su promesa y hasta se mosqueaba. Di a luz y él lo celebró saliendo a la calle a echar un pitillo.
Una vez en casa le dije que si él quería fumar, muy bien, pero en casa cero tabaco y si quería coger al niño lavarse bien las manos. Pues parece que lo que pido es una locura. No lo entiende, no lo asume.
Sigue fumando donde le sale de los huevos. Deja ceniceros llenos de colillas como si se fuesen a recoger solos, y eso de reducir el consumo… Ni de broma. Dice que ser padre lo estresa mucho y el tabaco le tranquiliza.
Ya no sé cómo explicarle las cosas. Cómo hacerle ver que eso que él se fuma también le afecta al niño. Es que se lo digo y me llama exagerá y de todo… ¿Qué hago, chicas?