Nací en Tánger, pero a los cuatro meses nos mudamos a Francia, mis padres, mi hermano dos años mayor y yo, yo no sabía nada de la vida, ni de religiones, ni culturas. Crecí en creencias musulmanas, mis padres no son extremistas, pero sí bastante seguidores de las tradiciones islámicas.
En la comunidad donde vivíamos éramos muchos moros, nuestro estilo de vida era normal para nosotros. En el cole si había más diversidad y poco a poco mi hermano mayor y yo nos fuimos distanciando de las costumbres de nuestra familia. En casa respetábamos el tema del cerdo y del alcohol, pero yo sabía que mi hermano bebía, yo no, porque no me gusta el sabor, pero si se me cruzaba una pizza barbacoa no decía que no.
Una cosa si tuvimos que cumplir, aprender árabe, de eso no nos salvamos ninguno y al final, me sirvió de algo.
Nos mudamos a España y seguimos con el distanciamiento musulman, yo siempre he querido viajar y conocer países y culturas diferentes, estudié turismo y en el hotel donde hice las prácticas, conocí al que fue mi novio durante ese tiempo, era chef en el restaurante, nuestra relación fue de lo más normal a pesar de la reticencia de mis padres.
Mis hermanos menores aún tenían menos relación con las costumbres de nuestra cultura y religión, sabíamos que era algo que apenaba a nuestros padres y abuelos, pero no podíamos o queríamos hacer mucho para seguir sus conductas.
Yo estaba contenta en el hotel, pero ansiaba viajar y conocer mundo, como habíamos sido un poco cosmopolitas, hablaba varios idiomas, el árabe por obligación, francés y castellano por lógica e inglés como casi todo el mundo hoy en día. Hasta que no conseguí una entrevista con una compañía aérea no paré. El destino tuvo la gracia de hacer que fuera Emirates y que yo me tuviera que trasladar a Dubai para empezar mi carrera como auxiliar de vuelo, al fin lo había conseguido.
A mi novio no le hizo mucha gracia que me mudara, ni a los Emiratos ni a Australia, el problema no es que fuera un país con mis raíces, sino la distancia, antes de mi partida las cosas ya empezaron a ir mal entre nosotros, él tenía claro que no quería una relación a distancia, y yo, a mi edad, estaba segura de querer vivir la experiencia de volar.
Me mudé a mi nueva ciudad casi soltera, en realidad era la primera vez que iba a vivir en una ciudad musulmana. Sabía que era una ciudad moderna, cara y a su manera, cosmopolita y que nosotros, los trabajadores de Emirates, vivíamos casi apartados en una especie de resort con todo lo que necesitábamos mientras estábamos allí. Al final todos íbamos a lo mismo, ganar dinero y experiencia en nuestras profesiones.

Nuestro micro mundo no estaba mal y por supuesto, podíamos salir libremente por la ciudad a pasear, de compras o a tomar algo, cierto es que yo con mis rasgos era la que más podía llamar la atención, pero os juro que nunca me daba cuenta de que mi cara y mis rasgos eran distintos a los de mis compañeros.
Un día una de mis muelas empezó a darme problemas, una de mis compañeras me recomendó su dentista y me acompañó a la clínica. Su dentista estaba fuera y nos atendió el compañero, si, era guapo a rabiar. Mi muela necesitaba una endodoncia pero primero había que bajar el flemón y todas esas cosas desagradables que te dicen y pasan cuando vas a la consulta. Volví a los días con la esperanza de volver a ver a ese hombre tan atractivo y ahí estaba con una resplandeciente sonrisa.
Saltó la chispita, me hizo un exhaustivo interrogatorio, el cual no esquivé para nada y salí de la consulta con la boca dormida y su número grabado en mi teléfono. La sonrisa me llegó un poco después, cuando el efecto de la anestesia se pasó y recibí un mensaje suyo.
Si, lo que vino después se parece al típico cuento de hadas oriental, quedamos, nos gustamos, repetimos y empezamos poco a poco una relación un poco más a su estilo que al mío. Me reconvertí por decirlo de alguna manera al islam no por él ni por mi, sino por nosotros y por supuesto por amor. Mis padres locos de contentos volaron para conocer a mi marido y darnos sus bendiciones.
Llevamos tres años juntos, sigo volando y teniendo un montón de costumbres occidentales que a estas alturas de mi vida no voy a poder cambiar, pero respetando todas las creencias del islam y no me arrepiento, ni de haberme alejado de mis raíces cuando lo consideré oportuno, ni de volver a ellas cuando mi corazón así me lo pidió.
Anónimo