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  • Querido diario

    Carta a mi yo triste

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    Querida yo del pasado:

    La vida puede ser una auténtica mierda a veces. Te lo veo en los ojos ahora mismo. Qué me vas a decir a mí, que te he vivido. No sé si te acuerdas, pero he estado allí contigo aunque no te dieras cuenta. He contenido el aliento antes de cada nueva cosa que me producía miedo y ansiedad, he bostezado y apestado a café antes de cada examen, he llorado tus rupturas, he celebrado tus triunfos.

    Yo sigo viviendo mi presente, con las mierdas y alegrías que me tocan ahora, pero cuando miro hacia atrás siento ternura al verte temblar como una hoja antes de atreverte a darle ese beso al chico que te gustaba.

    Déjame decirte una cosa: no es tan grave como parece. Siempre hay un día de después. A veces sé que no quieres salir de la cama porque piensas que no merece la pena, que para ti no existe la oportunidad de ser feliz. Eso no es cierto.

    Cuando te fuiste a vivir sola a otro país a los 18, recién salida del huevo, te diste cuenta por narices de que el mundo no era tan bonito como pensabas. Otro idioma, otra cultura, gente muy fría… Estuviste realmente sola, ¿verdad? Fue un año muy duro. Además, dos acosadores se fijaron en ti, y cada vuelta a casa de noche era una pesadilla.

    No querías decirle a nadie cómo te sentías, pues todos te decían que eras fuerte y que estaban orgullosos. Y no podías verbalizar eso mismo: que estabas hasta el coño de ser una expectativa. Que tenías sentimientos. Que no podías ser siempre de hierro. Estabas acostumbrada a tirar de los demás, a hacerte cargo de todo y jugar a los equilibrismos siendo el eje donde los demás se apoyaban al girar. tumblr_nqs7ookImm1spo2yzo1_400

    Tu madre y su depresión, que sólo aceptaba compartir contigo. Tu padre y su apatía, y sus dudas para con tu madre que sólo te contaba a ti. Tus hermanas pequeñas, que te necesitaban para poder ser felices. Tus amigas y sus problemas.

    Estabas dando más ayuda de la que podías permitirte.

    Y, encima, en otro país (al que tu madre se empeñó que fueras, porque tenías que ir a la escuela de Medicina más competitiva y difícil de Europa, ¿cómo, si no, iba ella a presumir de ti ante la familia?).

    Menuda decepción fuiste para todos cuando te derrumbaste.

    Nunca he vuelto a vivir una depresión tan negra como aquella.

    Dejaste de salir, dejaste de llamar por teléfono y de responder a los mensajes.

    Dormías hasta muy tarde, y tu mente estaba tan embotada que eras incapaz de estudiar. La tristeza te colaba por todos los resquicios como un gas tóxico, y la culpa te apresaba con sus garras metálicas. Todas las personas a las que querías se encontraban a miles de kilómetros de distancia.

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    Te odiabas a ti misma.

    Te costaba hasta respirar.

    Sin embargo, poco a poco, después de todo… Escribiste un mensaje.

    Cogiste el teléfono.

    Saliste.

    No, no salieron bien esos exámenes, pero decidiste que ibas a volver a España y mandar a tomar por culo las expectativas de tu madre. Decidiste que preferías ser feliz a ser perfecta.

    Y te lo agradezco.

    Ya ha pasado mucho tiempo desde entonces, y no puedo estar más orgullosa de ti.

    Me has llevado hasta donde estoy ahora. Esa experiencia, y muchas otras, te han hecho más fuerte. Has vivido muchas cosas horribles, y muchas otras maravillosas. Todas y cada una de ellas te han tocado sin destruirte.

    Tu boca ha besado y ha reído mil veces. Tus manos han auscultado a un bebé recién nacido que se estremecía al primer contacto de su vida con un fonendoscopio frío. Tu pelo ha ondulado bajo el mar. Tu piel se ha erizado al contacto con la nieve del Norte. Tus ojos han llorado de felicidad.

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    Has visto y hecho cosas increíbles.  Con este cuerpecito has viajado, has bailado, has estudiado, has subido montañas y has hecho el amor.  Has aprendido, poco a poco, a quererlo profundamente tal y como es.

    Por fin, algunos días, te miras en el espejo y te sonríes como quien se reencuentra con una vieja amiga.

    Hay que amarse muchísimo, ¿sabes? Porque sólo disponemos de una vida. E, incluso en los días más negros, un cambio de actitud puede marcar la diferencia. Aunque simplemente sea salir de la cama y mirar con ojos curiosos el goteo de la lluvia en la ventana.

    No importa lo triste que te sientas ahora. Allá lejos, en algún sitio, hay una tú del futuro que te mira con cariño porque sabe que has conseguido superarlo. Los ojos le brillan de orgullo.

    Ella sabe que, aunque también a ella le esperen curvas difíciles en esta montaña rusa que es la vida, tú le has dado la fuerza para tomárselas de otra manera. Sabe que hasta la tormenta más oscura acaba por dejar paso al sol, y que algún día, cueste lo que cueste, de toda esta mierda que te acongoja hoy, sólo le quedará la memoria.
    Por eso, pequeña, por esa y mil cosas más, gracias.

    Autor: Carmen.

    Foto destacada: Emily Knecht.

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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