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  • Querido diario

    La vida es eso que pasa mientras intentas buscarle el sentido. No la dejes escapar

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    Cuando tenía dieciséis años mi depresión alcanzó un punto culminante y me estalló en los bigotes, haciendo que cayera enferma por los años siguientes. Casualmente, era la época en que me había re-enganchado a Disney gracias a la película Enredados, así que las canciones del clásico prácticamente fueron la banda sonora de la primera etapa de mi agonía (dicho así suena algo creepy). En especial me enamoré de la primera canción, titulada “¿Cuándo mi vida va a comenzar?” con la que me identifiqué al instante, incluso comparándome durante los siguientes años con una Rapunzel encerrada en su torre.

    Siempre me decía a mí misma “cuando logre X, será cuando mi vida empiece, entonces empezaré a mejorar de lo mío”. Me propuse acabar el bachillerato y no lo pude terminar. Me propuse adelgazar ya que estaba empezando a coger peso, obviamente nanay. Me propuse conseguir algún trabajillo de verano o similares, no he trabajado en mi vida. Me propuse retomar las amistades que se habían enfriado por mi situación, cosa que nunca llegó a pasar. Me propuse volver a retomar los estudios, pero siempre los acababa dejando a los pocos meses. Me propuse poder independizarme lo antes posible con mi novio, pero aquí estamos.

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    Pues sí, aquí estamos. Con casi 22 años, más gorda que nunca, sin más estudios terminados que la ESO (y recientemente una prueba de acceso a GS con muy buena nota), habiendo perdido a todos mis amigos de aquel entonces, sin experiencia laboral y viviendo en la misma casa con mi novio, mis padres y mi hermano.

    No había estado tan bien ni tan segura de mí misma en la vida.

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    No es que me haya aburguesado, me haya resignado o haya dejado de tener sueños. Todo lo contrario. Me he dado cuenta de que en estos años, que en teoría deberían haber sido una “hibernación” o un “stand-by”, he vivido más intensamente y he tomado las mejores decisiones de mi vida.

    Durante todos estos años, pensaba de forma ilusa que mi vida no empezaría de verdad hasta que viniese un gran cambio cuyo impacto marcase un antes y un después. No me di cuenta que ya estaba viviendo, no sólo eso, estaba cambiando cada día a mejor.

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    Porque, ¿sabéis qué? Todavía no puedo considerar una persona “curada” o totalmente “sana”. Pero mi vida hace mucho que ha empezado, concretamente desde el dieciocho de septiembre de 1995. Incluso, si nos ponemos quisquillosos, desde una noche de invierno en que mis padres no pasaron precisamente frío (siempre he sospechado que fue en Año Nuevo). Desde entonces, llevo 22 años riendo, llorando, cayéndome, levantándome y volviendo a caer. Creando mi vida y aprendiendo.

    • Porque puede que deseara conservar a mis amigos y sin embargo los perdiera. Pero el ser honesta tanto conmigo como con ellos me ha ayudado a tener ahora las cuatro mejores (y casi únicas) amigas del mundo.
    • Porque puede que deseara marcharme de casa cuanto antes y aún siga chupando del bote. Pero gracias a haber pasado este mal trago con mis padres, hemos podido hablar y resolver problemas del pasado.
    • Porque puede que deseara ser una chica prodigio y graduarme a los 21 con matrícula de honor, mientras la realidad es que más allá de la ESO no he terminado nada. Pero ahora sé más que nunca cómo quiero encaminar mi vida y estando en lo más hondo del pozo he ganado una experiencia que ninguna universidad me dará.
    • Porque puede que deseara adelgazar cuando vi cómo me afectaba todo el asunto y ahora pese 95 kilos. Pero el haber engordado me ha enseñado que puedo (y pueden) quererme esté como esté, porqué siempre seré hermosa.

    Y así hasta el infinito y más allá. Es algo parecido a tener todo el día en la cabeza la pregunta “¿qué quiero ser de mayor?” y luego darte cuenta de que ya eres mayor y sigues sin poder responder. Tampoco lo necesitas, porque has descubierto que ser tú es lo mejor que podrías ser.

    Y volviendo a Rapunzel, la gran verdad que he descubierto es que nunca ha habido una torre que me impidiera vivir. O mejor dicho, sí que la había y era yo misma, mis miedos e inseguridades. Y ahora que estoy pisando fuerte el suelo del exterior, me doy cuenta de que las decisiones que me están haciendo salir de esta depresión las tomé cuando creía que seguía encerrada: dejar de cortarme los brazos, quererme a mí misma, no culpar a mi familia, consolidar la relación con mi novio, elegir amistades más sanas, etc.

    Así que si yo, estando encerrada, pude tomar tan buenas decisiones… Me pregunto qué lograré ahora que soy libre. La verdad, espero grandes cosas.

    Y también espero que esta experiencia y este punto de vista puedan ayudar a alguien.

    Lily

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    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Lily Bell

    Plus size fairy. Dando tumbos y trompazos desde 1995, pero como soy blandita no me duele tanto. Disney lover. Loca de las muñecas. Me gusta ir a la montaña a ver jabalíes y observar a las abejas durante horas.

    

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