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  • Querido diario

    Me la suda muchísimo pero mirar, me miran

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    Esto no es un lloriqueo, no. Vengo a hablar de una realidad: los cuerpos gordos (y los no normativos en general) seguimos siendo objeto de miradas. A veces están llenas de descaro, de desaprobación, de pena, otras (las menos, esto es así) de admiración y de curiosidad… pero mirar, nos miran. ¡Carallo si nos miran! Nos miran cuando nos ponemos la ropa que nos sale de las narices (lo de siempre: si enseñas mucho porque enseñas mucho, si enseñas poco porque vas muy tapada); nos miran en la piscina, en la playa, en el chiringuito; nos miran cuando comemos (curioso cómo funciona el morbo), cuando bailamos, cuando hacemos ejercicio y cuando damos un paseo. Nos miran por ser mujeres y por estar gordas. Y, muchas veces, incluso hablan y dan opiniones que nadie ha pedido. 

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    Pero claro, si lo decimos, si se nos ocurre quejarnos, resulta que nos estamos victimizando. No podemos hablar de lo hartas que estamos de esas miradas y cuchicheos porque es darle demasiada importancia al ojo ajeno. La incomodidad que nos causa no importa, porque debemos estar empoderadas full time y pasar de lo juzgadas y, por qué no decirlo, violentadas que nos sentimos. Tenemos que sonreír, ser fuertes, valientes… y así seguir naturalizando y perpetuando lo que no está bien.

    Me parece maravilloso que cada una lo gestione como quiera: habrá quien se envalentone devolviendo esas miradas inquisidoras (¡olé!) y habrá quien sea capaz de pasar, como yo y muchas otras mujeres hemos aprendido a hacer. Estupendo, las miradas seguirán ahí pero nos harán menos daño. Sin embargo, me parece importante no negar la realidad y no cargarnos con la culpa de ser conscientes de que nos examinan (en ocasiones de mala manera), porque el objeto de esas miradas es claro: avergonzarnos.

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    Yo hace mucho tiempo que dejé de hacer caso de esas miradas, son tantos años viviéndolas que hasta he aprendido a distinguir la carga moral que tienen. Pero siguen estando ahí. Porque, amigas, mirar para otro lado (y nunca mejor dicho) no acaba con el problema. Porque el problema es mucho más profundo, no nos cansamos de decirlo y hay que seguir denunciándolo para que la diversidad acabe por normalizarse.

    No hay que olvidarse de que da igual el nivel de seguridad que tengamos, da igual todo lo que hayamos trabajado… una mala mirada en un día de bajona (de esos que toooooodas tenemos), puede echar por tierra la autoestima de cualquiera. Y, esto es una declaración de intenciones, mientras siga ocurriendo seguiremos siendo MUY susceptibles con este tema y con otros muchos que minan el amor propio de las mujeres. 

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    Imagen de portada: Emily Heller.

     

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Beatriz Romero

    Politóloga y divina. Defensora a ultranza de la cultura popular y del pecho grande y natural. Sufro de la terrible enfermedad de lo cuquis pero intento llevarlo con dignidad.

    

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