Clínica médico estética Doctora Prieto
Querido diario

Sociedad, tú ganas: me he sentido culpable por no gastarme mis dineros en tratamientos para adelgazar

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Tengo 31 años y llevo 31 años sin haber probado nunca ninguno de los numerosos tratamientos para adelgazar que van saliendo cada año. Ya sabéis: masajes que explotan células grasas, maquinitas que te lo chupan todo (clítoris no incluido), cirugías, liposupciones, láseres que te esculpen la figura… nada de nada. Cero interés. 

Y no es que esté en contra de ellos, para nada. Me parece estupendo que cada persona elija lo que quiera hacer con su cuerpo. Lo mío tiene una historia diferente: ya hace muchos años que me vi obligada a aceptar que nunca tendría “el cuerpo perfecto” y aunque al principio me jodía un poco (bastante) ahora vivo en mi cuerpo con total naturalidad y no necesito sentirlo prieto y tonificado para estar a gusto.

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De todas formas, he de reconocer que a mí los tratamientos para adelgazar, o de belleza, en general, tampoco es que me hayan vuelto loca. No son mi prioridad para nada, y, como valen un pastón, todavía me duele tener que privarme de otras cosas que sí me satisfacen enormemente (ir al cine, hacer una escapadita) para darle a mi piel la pasadita de láser que necesita.

No sé si es porque una ya tiene una edad (31 años, que os he dicho ahí arriba) o porque mi entorno ha cambiado desde que me mudé a Madrid hace unos meses, pero esta primavera tengo a TODO EL MUNDO a mi alrededor obsesionado con probar cualquier método existente para llegar al veranito como un Dios griego.

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En principio no habría ningún problema ya que, como también os he dicho ya, a mí este tipo de cosas nunca me han interesado. Pero esta vez, y por primera vez en mi vida, me he planteado cosas. He llegado a pensar que no me quiero lo suficiente o no me cuido lo suficiente por no estar yo también pagando 100€ al mes a una clínica de estética para someterme al tratamiento de turno.

Es muy jevi, sobre todo para mí, que vivo en otro punto completamente diferente en la escala de “cuidarse”. Yo me cuido organizando bien mi tiempo, haciendo cosas que me gustan, saliendo de Madrid un finde al mes, pasando tiempo con mis amigos, regalándome un libro de vez en cuando, haciéndome la manicura, yendo a la peluquería, al teatro, cuidando mi alimentación y haciendo deporte. Nunca había incluido en mi ecuación de cuidarme el soltar 200 pavos para que me chupen la grasa del culo. Ni siquiera hubiera pensado en pagar 200 pavos por que me chupen el culo, aunque no fuera para quitarme la grasa.

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Así que mis sorpresa fue bastante shocking cuando me encuentro a mí misma planteándome si estoy haciendo bien al obviar el cuidado extra de mi cuerpo, conformándome con echarme un poquito de crema hidratante al salir de la ducha y poco más. Por un momento la sociedad ganó, y me hizo plantearme que yo no hacía las cosas bien porque no me planteaba gastarme dinero en tratar ciertas zonas de mi cuerpo.

Y digo que la sociedad ganó porque al fin y al cabo esto es lo que quiere la sociedad capitalista (en la que vivimos, lo queramos o no): que te sientas insegura y te gastes dinero para calmar esas inseguridades. Y, ahora mismo, los centros de estética están en su mejor momento: los meses pre-playa. Primero nos convencen de que necesitamos un cuerpo playero y luego nos ponen publicidad por todas partes para reducir el tamaño de nuestros muslos, eliminar la celulitis, reducir cintura o tonificar los brazos colganderos. Y la gente pasa por el aro.

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Y estupendo. Lo que haga la gente no es mi problema. Mi problema solamente es lo que haga yo. O lo que sienta yo. Por eso me jode sentirme, aunque solo haya sido durante unos treinta minutos, un poco culpable por tener a mi cuerpo desatendido. Menos mal que en Weloversize tenemos a nuestra querida Emma que, cuando comenté esto, me dijo: “a quien le gusta cuidarse y lo hace por ella misma, se da los tratamientos durante todo el año. Las que solo se hacen mil tratamientos justo un mes antes de irse a la playa, lo hacen por los demás”.

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