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  • Querido diario

    Somos la generación de la inmediatez

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    Hoy has llegado tarde a trabajar porque el metro ha tardado dos minutos más de la cuenta. Has llegado tarde a la reunión porque había alguien haciendo cola para calentar el café en el microondas de la oficina y tenías que esperar. Encima no ha llegado tu paquete de Asos, la web dice que esta en España desde ayer; deberías hacerte Premium.

    Tu amiga, a la que llamas para desahogarte no te coge el teléfono, ni te contesta a los whatsapp, y encima lo ha leído. ¿Qué estará haciendo? te preguntas tú, no se tarda nada en contestar un whatsapp.

    Además, tus padres no te han confirmado aún si vendrán a pasar el fin de semana, estamos a lunes, solo tienes 4 días para prepar su llegada. No te da tiempo. Necesitas saberlo ya.
    A todo esto, tienen que colgar las notas de tu examen de inglés en el portal de la Academia. Decían que a partir de las 10. Son y media y aquí nadie ha publicado nada.

    El día va de mal en peor. Solo tienes ganas de llegar a casa y descansar. Esperemos que no haya atasco. Llegar media hora tarde a casa un lunes por un atasco sería el colofón final a tu día de mierda.
    Pero lo hay. Pitidos, prisas y algún que otro grito.

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    Por fin llegas a casa, miras el buzón, a ver si los de Asos se han dignado a mandarte una carta o un vale descuento o algo que justifique que tu paquete no haya llegado. Ni rastro de nada de Asos.
    Solo una carta con una foto dentro.

    Querida Bea,

    te mando esta carta desde Muanza. No sé muy bien cuándo te llegará. Aquí el correo pasa una vez a la semana y tienes que tener suerte para pillar al cartero, que con su mochila va recorriendo las calles de la ciudad. Es muy majo. Me ha contado que tiene una hija que quiere estudiar Diseño, como tú. Ayer me trajo un paquete de pastas que hace su mujer. Dice que soy su nueva amiga española.

    Me estoy acordando un montón de ti, el café aquí está riquísimo. Lo dejan reposar durante unas horas para que coja cuerpo y luego lo cuelan para evitar los posos. No sé muy bien por qué lo hacen, pero desde luego, sabe a gloria.

    La foto es nuestra, en el centro en el que estamos trabajando hemos puesto en marcha un taller de revelado. No sabes las caras que se les quedan a los chavales cuando aparece la imagen poco a poco, les encanta esa sensación. Dicen que es como magia, que nunca sabes lo que va a salir. Yo recuerdo nuestras clases y me echo a reir. ¿Te acuerdas de los pitis en los pasillos esperando a que se quedara libre el cuarto de revelado? Benditos pitis que me hicieron conocer a Juan. Te manda recuerdos, por cierto.

    Me estoy acordando un montón de mi abuelo, ahora entiendo por qué tenía siempre una sonrisa en la cara. Era el tiempo, Bea, el tiempo que no malgastaban en su época.

    Espero que todo te vaya genial, nos vamos en unos días a otro pueblito de aquí, ya te iré contando. Probablemente vayamos andando, dicen que el paisaje es una pasada.

    Un abrazo gigante Bea.
    ¡Nos vemos pronto!

    Y sin darte cuenta, estabas sonriendo. Llevabas media hora recordando las que líabais en clase. Cuánto la echas de menos, eh.

    ¿Media hora? Beatriz, media hora mirando a la nada… fijo que ya se te ha quedado fría la cena.

    Pero de repente te diste cuenta de que esa noche tocaba ensalada.

    Sonreíste y prometiste que mañana sería un día mejor por mucho que el metro se demorase.

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Beatriz Emperatriz

    Entre píxeles y fotogramas vivo aunque estudié para juntar letras. Fan del color verde y de las composiciones armónicas. Queso del que se muerde no, gracias.

    

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