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  • Querido diario

    ¡Vivan los abuelis!

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    No recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que le vi. Pero posiblemente fuera lunes por la tarde, hará unos 6 años, yo de camino al instituto y él de camino al colegio para llevar a su nieta de preescolar. El tiempo seguía, y nos continuábamos cruzando. A veces también llevaba un perrito. Recuerdo que alguna mañana también lo veía, sobre todo si yo llegaba tarde a clase y él llevaba pronto a su nieta al cole. Le veía a menudo, y me provocaba mucha ternura el cariño que se deprendían mutuamente entre la nena y el abuelo. Recuerdo comentárselo a una amiga con quien compartía trayecto a casa desde el instituto, que me recordaba a cuando mi abuelo me llevaba a la guarde y todo lo cuqui que me parecía era este señor.

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    Recuerdo un día que apareció con otro niño además de su nieta. Era prácticamente un bebé, no iba al cole, pero seguramente se haría cargo también de él. Y así, los tres, a veces los cuatro hacían el mismo camino hasta llegar al cole. Cada vez los niños más mayores, y él también.

    Un día le vi agarrado a una muleta y con la mano que le quedaba libre, la niña mayor le agarraba, y esta a su vez a su hermano pequeño, que ya andaba e iba al colegio. Este señor, no sé por qué, me fascinaba. Me parecía increíble el amor que demostraba a sus nietos, llevándolos día tras día al cole, cuando él ya había vivido toda una vida, y haciéndose cargo de otras dos que no habían hecho nada más que comenzar. Cada día el hombre, parecía más desmejorado. Su cara se veía más cansada y cada vez con más dificultades para caminar, incluso para respirar.

    Acabé el instituto, me gradué y atrás dejé esa calle que recorría todas las mañanas, dejando de ver a este señor tan cuqui.

    Hace unos días, acompañé a mi madre a la farmacia del barrio. Aparcó en doble fila y yo la esperé en el coche mientras ella compraba. Me dio por girar la cabeza y le vi. Iba agarrado a un andador de ancianos, y con aspecto de hacer grandes esfuerzos para dar solo pequeños pasos. No pude evitar entristecerme. Suena exagerado, pero en cierta forma le tengo cariño a ese señor. Me entristeció ver que estaba tan débil. Él siguió caminando, y mi madre metió primera.10rliZ9PZtfLGw

    Durante el trayecto de vuelta a mi casa, reflexioné sobre algo que ya había pensado en la época en la que me lo cruzaba. Y es que, en general, no valoramos a los abuelos que tenemos. No somos capaces de ver todo lo que hacen por nosotros, sin tener ninguna obligación, ya que no son nuestros padres. Todas las comidas, el aguantarnos, mimarnos, darnos dinero a escondidas de nuestros padres, defendernos ante ellos aunque no tengamos la razón, por todas las historias de cuando ellos eran jóvenes…en fin, infinidad de cosas que normalmente no tenemos en cuenta.

    Hay muchos, como es mi caso, que por causas de la vida no tenemos a nuestro abuelos cerca, o simplemente, ya no están entre nosotros. Y es ahí cuando nos damos cuenta de lo que realmente representan y lo necesarios que son para nuestro desarrollo y nuestra vida.

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    ¡¡¡QUE VIVAN LOS ABUELIS!!!

    PD: Con mucho amor para mi abuelito Mario, por sus sopas y sus canciones a guitarra.

    Autor: Laura Pedroza Saldarriaga

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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