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    Te quiero pero como amiga

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    Érase una vez una historia que muchas y muchos conocéis, probablemente lo hayáis vivido o lo estéis viviendo ahora mismo, el drama de ser siempre “la amiga”. Tengo 28 años recién cumplidos y nunca he tenido pareja, pero sí cantidades incontables de “eres mi mejor amiga, te quiero como a una hermana, no puedo darte más de lo que te doy ahora”. No me malinterpretéis, me siento orgullosa de que mis amigos me consideren tan importante como a una hermana, pero esa frase duele bastante cuando no es un sentimiento mutuo.

    Empecemos por el principio, ya en el colegio era “la amiga de la chica guapa”. Esa etiqueta me siguió en el instituto y en el día a día, incluso soy la hermana de la chica guapa. No me considero fea pero tampoco ningún bellezón, dejémoslo en que soy capaz de salir mona en las fotos. Soy bajita, he estado gorda toda mi vida, tengo el pelo castaño y los ojos marrones, vamos, del montón montón. Si a este maravilloso cóctel le añadimos timidez, fobia social y baja autoestima pues tenemos una descripción perfecta de mi persona.

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    Por si todo esto no fuera poco, tengo un problema peor, y es que siempre siempre me fijo en mis amigos. Las personas que me han gustado de verdad a lo largo de mi vida son mis amigos, y es que para que alguien me enamore necesito conocerle bien, vivir muchas experiencias con esa persona, verle en todos sus estados posibles. Así que cuando una persona me ha gustado de verdad, mucho mucho, resulta que ya éramos amigos de hace no sé, un año o más. Y claro, pasa lo que pasa, para esa persona eres su amiga, la amiga con la que va a conciertos, habla de series, sale de fiesta, va al cine, viaja, todas esas cosas que no hace con su novia porque contigo tiene más cosas en común.

    Lo gracioso es que a día de hoy sigo siendo amiga de la mayoría de esos chicos, y es que la amistad es quizá una de las cosas más importantes para mí. Y no es que todo haya sido color de rosa, pues cuando tu amigo con el que compartes mil cosas, con el que hablas todos los días a todas horas te dice que no siente lo mismo por ti o que se ha echado novia nueva, sientes la horrible necesidad de alejarte de él y alejarte de una de las personas más importantes de tu vida (dejando de lado el tema amoroso) no es precisamente fácil. Y ha habido lágrimas, gritos, insultos, malos rollos y mil mierdas de por medio, pero con casi todos he conseguido volver al punto de partida, nuestra amistad (y con el que no lo he conseguido es porque en el fondo no era tan amigo).

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    Y os preguntaréis, ¿y a mí qué? Pues bien, la razón por la que he escrito este texto es la siguiente: se puede vivir sin amor (y sin sexo). No es que no haya tenido nada en toda mi vida, he tenido rolletes que no han ido a más porque no era suficiente para la otra persona, pero de eso hace ya como diez años. Sí, hace como diez años que no tengo ese tipo de acción en mi vida, y unos cuantos años menos que ni siquiera me gusta nadie. He probado con adoptauntio y apps varias de ligoteo pero nada, nadie me llama la atención, he llegado a quedar con alguno que otro pero no ha pasado de la primera cita. Y es que supongo que he acabado tan cansada de ir detrás de la gente, de esforzarme por hacerme notar, porque me conocieran y me incluyeran en sus vidas sin conseguir los resultados que quería que ya paso. Sí, paso totalmente de volver a hacer lo mismo. La última vez que el chico decidió irse con la chica guapa, me prometí a mí misma que no volvería a esforzarme tanto por nadie, porque puede que no lo sepáis, pero para alguien que tiene fobia social es jodidamente difícil empezar una conversación con un extraño, mantener esa conversación, hacer planes que incluyan grupos de gente que no conoce y aparecer sin dar excusas por las que quedarse en casa. En fin, tener vida social en general me es difícil, a no ser que sean personas con las que tengo mucha confianza, gasto toda mi energía en hablar con la gente y parecer una persona normal, es agotador.

    Pensé que si tenía que aparecer mi otra mitad, aparecería sí o sí. Pero no ha aparecido, pasan los años y todo sigue igual, y no es porque no haya hecho cosas en las que se conoce a gente nueva, entré en la universidad, cambié de trabajo varias veces, ahora mismo estoy de Erasmus, pero nada.

    Me he resignado, he aceptado que voy a ser la “tía soltera” de la familia, que esto es lo que hay, hay mucha gente sola en el mundo y a mí me ha tocado ser una de ellas. ¿Y ahora qué? Pues no pasa absolutamente nada, llevo toda mi vida así y todavía no me he muerto, así que es algo con lo que se puede vivir. De vez en cuando me da la bajona, no lo voy a negar, pero no es algo que me impida seguir con mi vida. Incluso he conseguido mejorar mis habilidades sociales y mis problemas de autoestima. Me concentro en ser la persona que quiero ser, en crecer y hacerme fuerte psicológicamente.

    He escrito este texto para todas las personas que he ido conociendo a lo largo de mi vida (y las que no conozco pero sé que estáis por ahí) que le tienen pánico a no tener pareja, no saben vivir de otra manera y van de relación tóxica en relación más tóxica aún. No es necesario pasar por eso, no pasa nada si estás sola. Nos han enseñado que tenemos que encontrar a nuestra media naranja como sea o seremos unas fracasadas, nos moriremos de amor como dicen las canciones de pop, pero ¿sabéis qué? Nada de eso es cierto, no soy menos importante que tú por no tener pareja. No es necesario echarse en los brazos del primero que pase, no hay por qué caer en la desesperación. Estar soltera te brinda la oportunidad de tener tiempo para conocerte a ti misma, de aprender a convivir contigo misma y sobre todo de valorarte.

    Alba Carpintero

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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