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    Relato erótico: ‘El placer de multiplicar’

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    Sabía que no tenía que haber acudido a esta fiesta. Siempre me pasa lo mismo, Ángela me lía la cabeza y al final cuando estoy allí, en casa de a saber quién, viendo como ella se junta con un montón de gente y yo me quedo sola en un rincón, con mi copa en la mano y haciéndome la disimulada con el móvil. Me encantaría tener el don de gente que tiene ella, esa capacidad de entrar en una sala llena de desconocidos y conseguir ser el centro de atención en solo media hora. Supongo que la clave está en que se siente muy segura de sí misma, y simplemente no tiene miedo al rechazo, o al menos, no como yo. Nuestra forma de vestir, de movernos, ya señala que somos totalmente diferentes, aunque quizás también sea eso lo que nos complementa tan bien como amigas.

    La observo mientras coquetea con dos chicos, y sonrío para mí misma viendo su desparpajo, mientras toca el brazo del chico moreno, más atractivo que guapo, a la vez que fija su mirada en los ojos verdes del rubio, más guapo que atractivo. Pienso, tonta de mí, que de elegir, me decantaría por la espalda ancha del chico moreno, aunque me sorprendo a mí misma pensando que tener un orgasmo mirando fijamente esos ojos verdes también podría ser muy estimulante. Aunque cualquier orgasmo que no corriera por mi cuenta, como lleva siendo la norma desde que lo dejé con Juan hace seis meses, sería estimulante.

    Extrañamente, esos ojos verdes se cruzan con los míos. Rápidamente dirijo la mirada a bebida, como si estuviera haciendo un análisis pormenorizado de los cubitos de hielo, pero cuando miro de reojo veo que el chico rubio le dice algo a Ángela al oído, que ella se ríe, y que los tres se acercan a mí. Mierda, odio estas situaciones en las que no sé qué decir. Menos mal que Ángela, en esto, como en otras muchas cosas, siempre lleva la iniciativa.

    • Natalia, mira, te presento a dos amigos míos, este es Carlos- Y el chico moreno besa mi mejilla dejándome extrañamente confusa y embriagada con su perfume.- Y  este es Daniel- Los ojos verdes terminan por hacer que todo revoletee en mi interior, lo cual lejos de ayudar, me deja aún más muda de lo habitual.
    • Encantada…
    • Estábamos pensado que  Gloria no ha comprado suficiente bebida y la fiesta se acabará pronto, sería mejor ir bajando a la zona de garitos, y estos dos caballeros se han ofrecido a acompañarnos, así que…- En ese momento suena el teléfono de Ángela, y pone cara de disgustada al ver el número, seguro que es el pesado de su medio novio medio ex otra vez- Perdonarme, tengo que cogerlo…

    En cuanto Ángela se aleja para contestar, algo agobiada, esa llamada, me veo rodeada. Los dos chicos me miran fijamente como si tuviera que contar algo realmente grandilocuente, y sin embargo, sólo se me ocurre decir la frase más estúpida del mundo.

    • ¿Y vosotros estudiáis o trabajáis?- Ambos se echan a reír al instante.
    • Entonces además de increíblemente sexy eres divertida- Carlos, el moreno, me fulmina con una sonrisa de esas de anuncio, mientras en mi cabeza resuena la palabra “sexy”.
    • Llevamos observándote toda la noche, resultabas muy misteriosa, allí sola estudiando a todo el mundo.-  La mano de Daniel, se posa en mi cintura, y termino por sentirme desconcertada.
    • ¿Qué es esto, algún tipo de juego?- Busco a Ángela con la mirada, pensando si todo esto no es más que alguna de sus bromas, pero está en la otra punta de la sala, con gesto descompuesto mientras sigue al teléfono, ajena al numerito que tengo encima.
    • Es una forma de decirlo, habíamos pensado que podíamos jugar los tres…si quieres…- No son las palabras, sino el a deseo que emiten esos ojos verdes los que provocan que instintivamente me humedezca.  Estas cosas no me pasan a mí, nunca me han pasado a mí.
    • No me gustan las bromas… Así que si queréis ir  a pasar un buen rato, iros a reíros con otra.
    • No estamos de broma Natalia, queremos jugar, y te preguntamos si te apuntas. – Daniel abre entonces una de las puertas que hay a nuestro lado, y que da al baño. Seguidamente Carlos y él entran, y dejando la puerta abierta. Como si fuera algún tipo de película y sin darme cuenta, yo fuera la protagonista.

    El primer instinto es el echar a correr, todo lo diferente asusta, y sin embargo, mis pies parecen pegados al suelo, incapaces de ir a una dirección u otra. Vuelvo a mirar a Ángela, ella pasaría al baño sin pensarlo, ¿por qué yo no? ¿Por qué por una noche no puedo ser simplemente lo que me apeteciera? Mis pies comienzan a moverse, y mis manos las siguen echando el pestillo tras cruzar el umbral de la puerta.

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    Todo se vuelve aún más confuso más entra, cuando de golpe siento cuatro manos sobre mi cuerpo. No son torpes, está claro que por alguna razón esos dos amigos ya han jugado juntos antes, y saben cómo allanar el terreno sin pisarse espacios. Primero comienzan a acariciarme el cuello, mientras los ojos de Daniel me desnudan con la mirada, y la entrepierna de Carlos me penetra desde atrás aún con la ropa puesta. Y entonces algo pasa. Algo que ni si quiera sabía que tenía dormido despierta en mí. Me abalanzo sobre ellos. Me pongo frente a ambos y comienzo a devorar sus bocas por turnos, mientras sus manos, no sabría distinguir las de quien, se pierden por toda las partes de mi cuerpo. Daniel me quita la camiseta y se deshace de mi sujetador para adorar mis pezones erizados por su lengua, mientras que Carlos, con más prisas, directamente aparta el tejido de mis bragas, para, de rodillas, erizar el resto de mi piel sumergiendo su lengua en mi entrepierna. Me agarro fuertemente al  lavabo porque pienso que voy  a desvanecerme de puro placer. Mientras cada uno estimula las partes más sensibles de mi cuerpo, no paran de acariciarme. Cierro los ojos  y me dejo hacer. Es como un torbellino. De repente Carlos para de estimularme y se tumba en el frío suelo, haciéndome un gesto. Voy   a colocarme a horcajadas sobre él para dejar que me penetre, al darme cuenta de que tiene un preservativo en la mano, pero Daniel me detiene y me susurra algo al oído.

    • No…va a ser mucho mejor que eso.- Entonces me ayuda a colocarme de forma que pueda hacer un 69 con su compañero. Extrañada, me quedo algo paralizada, pero la lengua de Carlos vuelve a sumergirse experta en mi vagina. Presa del placer decido que es hora de empezar a devolverlo, así que introduzco su pene, increíblemente erecto en mi boca, y empiezo a relamerlo con gusto, como su fuera una niña encantada con su caramelo.

    Entones pasa, cuando había olvidado que éramos tres, siento como el pene de Daniel entra dentro de mí, desde atrás, dejando margen para que su amigo continúe succionando mi clítoris. Siempre me habían dado a elegir entre un placer y el otro, entre un rubio y un moreno, nunca me planteé que pudiera tener ambas cosas, el pene y la lengua. Intento continuar lamiendo el pene de Carlos, pero estoy enloquecida, y simplemente me lo meto en la boca para intentar acallar mis gritos, consciente sólo en parte de que estamos en una fiesta. No puedo aguantar más, el orgasmo me arrolla por completo de una forma tan intensa que ni si quiera sabía que existía. Daniel continúa penetrándome, y yo sigo lamiendo a Carlos, hasta que ambos también encuentran juntos la liberación en diferentes partes de mi cuerpo.

    Salen ambos de mí, y se asean entre sonrisas en el baño, mientras me acercan mi  ropa.

    • Nos ha encantado jugar contigo Natalia. – Ambos me besan,  uno después del otro, abren el cerrojo y esos ojos verdes se despiden de mí una última vez. Me quedo sentada en la taza del váter, medio desnuda, intentado recuperar el control de mi cuerpo y de entender algo de lo que ha ocurrido.

    Salgo algo entre mareada y desconcertada. No se les veo ya por ninguna parte, han desaparecido. Entonces una mano me da por detrás y me giro sobresaltada.

    -¡Natalia! ¿Dónde estabas?- Es Ángela, que parece muy sofocada. No me da tiempo a inventarme una respuesta.- Tenemos que irnos, perdona, me ha surgido algo… Ya sabes…

    – No te preocupes, no pasa nada, ¿todo bien?

    – Sí  bueno, lo de siempre.- Ángela tira de mi mano y juntas buscamos la salida- ¿Oyes y los dos chicos que te presenté?

    – Ahm, se fueron al rato de irte. – Esa quizás, es una versión mucho más creíble.

    – Ya suponía, no te preocupes, ya  habrá otras fiestas.

    -Sí, ya habrá otras.

     

    Autor: Silvia C Carpallo, autora del libro ‘El orgasmo de mi vida’

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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