Rosa y yo llevamos siendo amigas desde los doce años. Fue la primera persona que conocí cuando entré al instituto, tuvimos mucho feeling desde el principio y desde ese momento ya no nos hemos separado.

Pasamos juntas toda la secundaria y el bachillerato, estudiamos la misma carrera en la Universidad e hicimos prácticas en el mismo bufete de abogados y, aunque después nuestras carreras profesionales se separaron, en lo personal seguimos siendo íntimas amigas.

Nuestros maridos también son amigos y hemos hecho innumerables planes, escapadas e incluso vacaciones juntos. Hemos estado la una para la otra en todos los buenos momentos, en los malos y en los peores y es una de esas amistades que crees imposible que se puedan romper.

Hace un par de años, un día me llamó emocionada para decirme que estaba embarazada. Me alegré mucho con la noticia pues sabía que llevaba tiempo intentando quedarse embarazada sin éxito y cómo todo ese camino la había llevado casi al borde de la depresión.

El embarazo y el parto fueron perfectos y  Héctor nació para llenar a Rosa y, en consecuencia, a todos aquellos que la queremos de felicidad e ilusión.

El otro día en una de las visitas semanales que intento hacerle, me dijo que tenía una sorpresa para mí, pero que no me la daría ella, si no el propio Héctor. Y vaya si me la dio. Cuando cogí al niño y me fijé en su camiseta me quedé en shock pues se podía leer perfectamente: ¿quieres ser mi madrina?

Soy creyente y practicante desde siempre y Rosa lo sabe. No soy de las que van a misa todos los domingos, pero sí de vez en cuando, creo en los sacramentos e intento vivir en consecuencia con la fe católica y como tal, el ser madrina de alguien significa, para mí, una labor y una responsabilidad muy importante. Y no es que no quisiera ser la madrina de Héctor, todo lo contrario, estaría encantada, pero es que Rosa no solo no es creyente, si no que siempre ha dicho que todo esto del catolicismo es una secta más.

Supongo que la estupefacción se reflejó en mi cara porque inmediatamente Rosa me preguntó que qué pasaba y cuando le dije que nada me dijo que no le mintiera y que si no me hacía ilusión con lo creyente que yo era.

Dije que no entendía por qué de repente quería bautizar a su hijo cuando hasta entonces había renegado de todo aquello y que me parecía una farsa, a lo que me respondió que era algo todo el mundo hacía y que era una buena ocasión para celebrar una fiesta por el nacimiento de Héctor independientemente de si creía o no en Dios.

Indignada, le dije que no compartía para nada el hecho de que fuera a bautizar a su hijo por moda y que no contara conmigo para formar parte de aquello y mucho menos para ser su madrina. Me miró, cogió a Héctor de mi cuello, lo acostó en el cochecito y me dijo que era mejor que me marchara.

Intenté explicarme y hablar con ella como tantas otras veces habíamos hecho cuando nos enfadábamos, pero no quiso escucharme y me echó de su casa.

Pasaron los días y no supe nada de Rosa, ni un mensaje, ni una llamada, nada. Es verdad que yo tampoco había intentado ponerme en contacto con ella, pero creía que tenía que ser ella quien me llamase después de lo de su casa. Cuando habían pasado diez días, decidí llamarla porque, aunque no me arrepentía de nada de lo que había dicho y había sido fiel a mis valores, creía que después de veinte años de amistad, lo menos que debíamos hacer era sentarnos a hablar e intentar llegar a un entendimiento.

Cuál fue mi sorpresa cuando no solo no me cogió el teléfono, sino que descubrí que me había bloqueado del WhatsApp y de todas las redes sociales. Agobiada, decidí llamar a Alfonso, su marido que sí que me contestó, pero simplemente para decirme que Rosa no quería saber nada de mí y que, por favor, los dejáramos en paz. Y hasta hoy.

De esto ha pasado ya un año y aún me sigue doliendo la decisión de Rosa de apartarme de su vida por ser fiel a mis valores. Por supuesto, el bautizo de Héctor se celebró con una gran fiesta, pero yo no formé parte de aquella farsa y de eso sí que estoy muy orgullosa.

 

Escrito por Angie Rigo basado en una historia de su entorno