Hay un momento en algunas relaciones de pareja donde una deja de saber si está compartiendo su vida con un adulto funcional o patrocinando discretamente a un adolescente muy grande con barba.
Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado
Y sinceramente os digo que yo creo que estoy llegando a ese punto.
Mi marido y yo llevamos muchísimos años juntos y sí, yo cobro bastante más que él. Jamás he tenido problema con eso y créeme que él tampoco. De hecho, me parece lógico que en una casa donde hay diferencias salariales, quien más gana aporte más. Me parece justo, equitativo y de sentido común.
Porque al final hablamos de nuestras hijas, de nuestra casa, de nuestra vida en común.
Ahora bien, también te digo que una cosa es aportar más y otra muy distinta convertirte en el cajero automático de tu pareja. Y parece ser nena, que de lo primero a lo segundo hay solo un paso.
En los últimos años se había empezado a normalizar una dinámica que poco a poco me empezó a incomodar muchísimo: que él me pidiera dinero constantemente para SUS cosas.
«Déjame 20 y te los doy luego» «Pásame 50 que voy justo» «Este mes estoy apurado»
Al principio una empatiza y cede. Porque cuando quieres a alguien entiendes que a veces las cosas se complican, pero llega un momento en el que empiezas a darte cuenta de algo peligrosísimo: la otra persona deja de ver tu ayuda como ayuda y empieza a verla como una normalidad.
Y ahí, cariños míos….entramos en un terreno muy feo.

Porque yo puedo pagar más facturas. Puedo asumir más gastos familiares y lo hago encantada. Pero lo que no quiero es sentir que mi esfuerzo económico se convierte automáticamente en extensión de su cuenta bancaria. No sé si me estoy explicando…
Así que empecé a poner límites poco a poco. Límites normales vamos, nada del otro mundo. Pues resulta que esos límites han sido recibidos como una declaración oficial de guerra.
Porque hace tres días mi marido me pidió 50 euros, le dije que no y lleva desde entonces sin hablarme.
TRES DÍAS.
Perdona, pero esto qué es exactamente ¿Un conflicto económico o una huelga de palabra?
Esto me ha hecho pensar muchísimo en cómo normalizamos ciertas dinámicas dentro de las parejas. Porque si fuera al revés, si una mujer dejara de hablarle tres días a su marido porque no le presta dinero, probablemente estaríamos todos diciendo: Cariño, date cuenta…
Pero cuando es al revés parece que hay una especie de obligación silenciosa de sostener, comprender y cubrir económicamente determinadas carencias masculinas para no herir el ego de nadie.
Y no cariño mío… Ayudar no debería convertirse en obligación y mucho menos en sentirte utilizada.
Poner límites no debería convertirte automáticamente en la mala de la película. Porque el dinero en pareja no debería funcionar desde la dependencia emocional ni desde el castigo.
Y sinceramente, qué quieres que te diga… si alguien deja de hablarte tres días por 50 euros… igual el problema nunca fueron los 50 euros.