Un día eres joven y al otro no entiendes un carajo de lo que dicen las chavalas de hoy en día. Y es que hace poco me enteré de que hay un anglicismo para describir lo que mi querido novio se tiró haciéndome durante mucho tiempo: sledging. Si, como yo hasta hace nada, no tienes ni pajolera idea de qué te estoy hablando, te lo explico brevemente. Este término tan moderno y tan guay viene a referirse a cuando tu novio rompe contigo en verano para ponerse morado en vacaciones y luego, si eso, vuelve a tu lado como si nada. O no. Porque cuando llega el calor, los chicos se enamoran.

En mi caso, después de dejarme por cualquier chorrada que se le ocurriera cuando llegaba el veranito, mi ex me pedía volver cada septiembre como la vuelta al cole de El Corte Inglés. Casualmente, nuestras rupturas siempre tenían lugar poco antes de irse de vacaciones con sus colegas, por lo que sea. Y yo era tan imbécil y estaba tan pillada por él que le perdoné las tres veces. Sí, queridas, estuve con este personaje de ciencia ficción tres años y no fui capaz de quitarme la venda de los ojos hasta entonces.

La primera vez no lo asocié con esto del ‘sledging’, sencillamente pensé que no había ninguna mala intención detrás y que el hecho de dejarme y luego pedirme volver era porque se había arrepentido sinceramente y que el verano había pillado en medio, sin más. La excusa que me dio fue que necesitaba tiempo para pensar en lo nuestro, porque todo iba muy rápido y no quería hacerme daño. Spoiler: lo que quería en realidad era pasarse por la piedra a todo ser femenino viviente y luego volver cuando tuviera el pito en carne viva. Pero entonces no quise verlo. Lo pasé fatal todo el verano y cuando me pidió perdón, me puse súper feliz y volvimos a intentarlo.

La cosa empezó a ser sospechosa la segunda vez, ciertamente. No me esperaba para nada que la historia se volviera a repetir, no me podía creer que estuviera viviendo de nuevo el mismo cuento. Solo que aquella vez me echó la culpa a mí. Que si ya no era la misma, que si había cambiado, que si ya no me reconocía, que si ya no era la persona de la que se había enamorado… Total, que me dejó y volví a hundirme en la miseria. Eso sí, gracias a mis amigas y a mi familia, no cometí el mismo error que la otra vez y, aunque me sentía tremendamente triste, no tiré a la basura mi verano. Aquella vez sí disfruté de mi soltería y conocí a un chico genial. Estuvimos juntos casi todo el verano, hasta que mi ex volvió a aparecer, cómo no, en septiembre.

No sé si fue casualidad, si lo tenía planeado o es que se había enterado de que yo estaba empezando a ser feliz con otra persona. El caso es que me pidió perdón, se puso de vuelta y media a sí mismo y me dijo que al estar lejos de mí se había dado cuenta de lo mucho que me quería. Me avergüenza reconocer que dejé lo que tenía con el otro chico para volver con mi ex por segunda vez, pero es lo que hice. Todo el mundo a mi alrededor se tiraba de los pelos, pero qué queréis que os diga. Le quería ciegamente… Cualquiera le hubiera mandado a la mierda la primera vez, pero yo seguía sin querer verlo.

El resto del año, éramos una pareja de lo más normal. Yo me sentía querida, estaba bien con él y no daba muestras de ser un auténtico cerdo. El problema llegaba cuando se acercaba el verano. A esas alturas yo ya temía la palabra vacaciones, porque me daba pavor que fuera acompañada de una ruptura. Cuando estábamos en agosto, yo estaba muy confiada pensando que por fin había sorteado las olas y roto la maldición, pero como se suele decir, no hay dos sin tres. Y de nuevo, me dejó. Y lo hizo con la excusa más sincera hasta el momento, he de decir: había dejado de estar enamorado de mí. Fue inevitable terminar abriendo los ojos. Le dije que fuera consecuente con sus palabras y sus sentimientos y no volviera, porque yo no iba a estar ahí cuando lo hiciera.

Lo pasé realmente mal. Tanto por la ruptura como por el hecho de darme cuenta de que había estado jugando conmigo todo el tiempo. Me sentí estúpida por no haber escuchado a mis amigas cuando me decían que aquel tío era mala persona. Pero por fin me mantuve firme y, cuando volvió, porque esta clase de tíos siempre lo terminan haciendo, le mandé a paseo. Desde entonces me cuesta mucho confiar en los chicos y, aunque es algo que estoy trabajando, de momento prefiero seguir sola y disfrutar de la vida y del verano.