Hay personas que no hablan, sino que vociferan sus opiniones para asegurarse de que todos/as alrededor las oyen. Me tocó una de estas en la terraza de una cafetería en la que desayunaba tranquilamente con mi chico.
La buena señora estaba exponiendo una hipótesis a su acompañante, y lo hacía bien alto y mirando a las mesas de alrededor por si encontraba algunos ojos cómplices que le dieran la razón. Decía:
—Tu hija no quiere hijos porque es una egoísta. Porque solo quiere casa, trabajo y gimnasio, gimnasio, trabajo y casa. Los jóvenes de hoy día no tienen capacidad de sacrificio.
Yo creía que esa idea de que no ser madre equivale a ser egoísta estaba ya más que superada. Ya veo que no, así que le doy la vuelta al alegato de la señora: en realidad, muchos de los motivos frecuentes para tener hijos son más egoístas que la decisión de no tenerlos.
Me explico. Es egoísta tenerlos por los siguientes motivos:
1. Por no sentirte solo/a cuando seas mayor
Si razona bien, ninguna persona sensata querría hipotecar el futuro de un/a hijo/a así. No está en el mundo para proporcionarte compañía, sino para ser libre y vivir como quiera. Aunque eso lo/a lleve lejos de ti.
Pero hay algo que nubla el juicio con frecuencia: el instinto, que saca el deseo de protección y la sensación de pertenencia. He escuchado a mis amigas decir: “Tanto sacrificio para que, el día de mañana, se vaya a vivir al extranjero y se olvide de mí”. Y, lo peor, es que eso lo dicen delante de sus hijos/as. Es un chantaje emocional que sí, es egoísta.
2. Por darle un sentido a tu vida
Esto también me parece aberrante. Tu hijo/a no es una bomba de oxígeno que tú te cuelgas a la espalda para seguir viviendo con ilusión y entusiasmo. Se disfruta viéndolos/as crecer y se siente plenitud al hacerlo, no lo discuto. Pero eso sucede a posteriori. Decidir tenerlos por ese motivo también es egoísta: una vida para salvar la tuya. A lo Ana Obregón.
3. Porque te gustan los/as niños/as
Llevo toda mi vida oyendo la frase: “De bebés, te los comerías. De grandes, te arrepientes de no habértelos comido”. Estoy convencida de que hay personas que solo se visualizan con sus futuros/as hijos/as en un tiempo concreto, de bebés o durante la infancia. Spoiler: crecen. Y tienen problemas de adolescentes y adultos/as que reclamarán tu ayuda.
4. Por continuar la estirpe
Por absurdo que pueda parecer este motivo, a estas alturas, hay quien lo sigue enarbolando. Mi hermano, sin ir más lejos. Medio en broma medio en serio, un día me dijo que se sentiría moralmente llamado a proseguir la estirpe familiar si yo decidía no tener hijos/as.
—¡A mí no me metas esa presión! —le dije.
—¡La presión me la metes tú a mí! —me soltó.
Quiero pensar que estaba de coña.
5. Porque quiere tu pareja y/o las personas de tu entorno
Hace unos años, fui a visitar a una amiga y a su bebé, que había nacido hacía pocos días. Aprovechando nuestra visita, y que ella no estaría sola, su marido le anunció su intención de ir un ratito al bar con su cuñado, a ver el fútbol:
—¡No, te quedas aquí! ¡Ya está bien, que llevo todo el día con el niño! ¡Y te recuerdo que el que lo quería tener eres TÚ!
De hecho, yo ya sabía que él le había dado un ultimátum: o lo tenemos o me divorcio.
Hay tantísimos testimonios de parejas que acabaron mal por esta razón que no creo que ni que tenga que extenderme más.
Bonus polémico: tener hijos/as por un deseo, sin poder
Para una crianza que asegure felicidad y bienestar se necesitan unos ingresos mínimos, estabilidad laboral, estabilidad emocional y tiempo, como mínimo. Entiendo que esto tiene sus matices porque 1) la conciliación es utópica a día de hoy, y las familias no tienen la culpa; o 2) las circunstancias van cambiando y se pueden volver mejores (o peores) a medida que los/as hijos/as crecen.
Pensándolo bien, solo veo UN motivo loable para tener hijos/as: el deseo altruista de compartir tu amor, tus valores y tus recursos con alguien. Mi admiración a padres y madres que los/os tuvieron únicamente por este motivo, o se convencieron de ello. Porque, dentro de lo que conozco, observo un denominador común: sus hijos/as están creciendo felices, sin arrastrar las cargas emocionales de sus adultos/as responsables.