Estuve tres años con un chico. Lo típico, no sólo conocí a sus amigos, a su familia, a su perro y hasta los dramas internos de las cenas de Navidad. Entre esas personas estaba, por supuesto, su madre.
Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado
La relación terminó de forma civilizada, nada de lanzarnos platos ni publicar indirectas con canciones de despecho. De hecho, mi ex y yo mantuvimos una amistad bastante buena y hasta día de hoy de vez en cuando quedamos y nos ponemos al día. Todo muy maduro… muy siglo XXI.
Pero entonces empezó a ocurrir algo extraño.
De vez en cuando, mi ex me escribía y me soltaba cosas como: «Ah, así que has estado en Lisboa, ¿Qué te ha parecido?» o «Qué guay el restaurante al que fuiste el sábado, tiene muy buena pinta»
Mi ex ni siquiera tenía redes sociales. Ni Instagram, ni TikTok, ni nada parecido. Vivía completamente ajeno a ese universo de stories, reels y publicaciones. Por eso me sorprendía todavía más que, de vez en cuando, apareciera comentándome cosas de mi vida que, en teoría, no tenía forma de saber.
Y yo me quedaba mirando la pantalla pensando una de dos: o este hombre había desarrollado capacidades paranormales o estaba traficando con información.
La respuesta era mucho menos emocionante: su madre.
Y no solo me escribió, un día me mandó una captura de pantalla de una conversación con su madre.

Allí estaban los dos comentando mi cambio físico como si fueran miembros de un comité de evaluación deportiva.
—Pues sí que se la ve más definida.
—Ha cambiado mucho.
—Se nota que está entrenando.
Resulta que mi ex se enteraba de mi vida mía gracias a ella. La mujer estaba más al día de mis movimientos que yo misma. Si subía una foto de un viaje, ella lo sabía. Si cambiaba de trabajo, ella lo sabía. Si me cortaba el pelo tres centímetros, probablemente también lo sabía.
Y aquí llegó el gran misterio: mi cuenta era privada.
Eso significa que, en teoría, solo ve lo que publico la gente que yo acepto. Así que empecé una investigación digna de un documental de true crime de bajo presupuesto.
Revisé seguidores, revisé perfiles sospechosos, analicé cuentas con fotos de flores, perros y frases motivacionales escritas sobre atardeceres. No exagero si te digo que durante días me convertí en una detective obsesionada.
Hasta que encontré una cuenta.
No tenía su nombre, ni su foto, ni nada que la relacionara directamente con ella. Pero había algo, no sé…una intuición. Esa sensación que tienes cuando sabes perfectamente quién está detrás de un perfil llamado «MariposaLibre_72»
Así que tomé una decisión: La bloqueé.
Así a la brava, sin preguntas, sin comunicado oficial, sin rueda de prensa y sin previa notificación : BLOQUEAR
Y, de repente, ocurrió el milagro: mi ex dejó de enterarse de absolutamente todo… ¡Qué casualidad Mari Carmen!
Nunca tuve pruebas definitivas, quizá detrás de aquella cuenta había un señor de Cuenca aficionado a las manualidades, vete tú a saber…
Pero sinceramente, lo dudo. Y aunque reconozco que me parecía un poco inquietante, también tengo que admitir algo: admiro la constancia de esa mujer. Porque una cosa es cotillear y otra muy distinta convertir el seguimiento de tu ex nuera en un caso policial.