Siempre digo que todo lo que me libro de una suegra harpía lo tengo en mi cuñada. Mientras que mi suegra me antepone a sus hijos y me trata como a una más, mi cuñada es todo maldad y meter cizaña.

Hemos tenido muchos encontronazos en casi 10 años de relación. Al principio por nuestra relación en sí, por si íbamos mucho a casa de mis suegros, por si íbamos poco, por si viajábamos a no sé dónde… Cuando nos hipotecamos que si una casa es mejor que un piso, que si la zona es alejada, que si es mejor que fuese su hermano el que estuviese en los papeles y no los dos… Cuando tuvimos a nuestro hijo que si el nombre elegido es de perros, que si llora no hay que cogerlo, que el BLW es un peligro…

Y ya lo último ha sido el aviso de nuestra boda. Después de una década, vivienda e hijo, decidimos que era el momento de casarnos (más vale tarde que nunca). En mi familia todos estaban emocionados, como es lo normal. En su casa sus padres se mostraron muy contentos de “por fin casar a un hijo”, pero mi cuñada siempre tiene algo que decir: “Es que después de tanto tiempo solo lo hacéis por sacar pasta”.

¿Pero tú te crees que después de tanto tiempo vamos a casarnos solo para sacaros dinero a todos? Fue mi pareja quien le cortó, diciendo que si no quería no viniese. Se quedó callada.

Pero… viniendo de ella esto no iba a quedarse así. Y efectivamente, no tardamos mucho en enterarnos de que había empezado a decirle a varios familiares que nuestra boda era un postureo, que después de tantos años juntos, casarse ahora era un paripé y que solo buscábamos que nos pagasen el viaje. Todo esto dicho por alguien que en 40 años no ha dado un palo al agua, vive con sus padres y no le hemos conocido una pareja jamás.

Intenté mantenerme al margen porque todo aquello me estaba superando, tenía demasiadas cosas en las que estar pendiente para sumarle esto. Aunque durante las siguientes semanas nos enteramos de sus movimientos por terceros.

La situación explotó un domingo en una comida familiar en casa de mis suegros. Sumado a las conversaciones habituales también estaba el tema de la boda. Mi suegra estaba muy emocionada. Cuando entró mi cuñada con mala cara, el ambiente cambió automáticamente.

Durante la comida empezaron los comentarios “inocentes”, después se atrevió a mencionar nuestra situación económica (de la cual no tiene ni idea) y ya cuando mencionamos la posible decoración de boda soltó: “Vivís muy justos para esas aspiraciones.”

Intenté ignorarla, creedme que lo intenté, pero ella siguió. Mi pareja le pidió que parase ya, ya que siempre tenía que arruinar cualquier momento bonito. Ella, con sus comentarios pasivo-agresivos decidió dirigirse directamente a mí, atacándome. Yo ya llevaba demasiados años callando y tratando de evitar conflictos por mi pareja y mis suegros, pero cuando hizo el comentario de que “al menos ella no necesitaba casarse para sentirse válida”, perdí la paciencia.

“Al menos yo tengo pareja”, contesté.

Se hizo el silencio total. Mi suegra se tapó la boca con las manos. Mi suegro prefirió salir del comedor. Ella se levantó llorando.

Desde aquel día no nos hablamos. Ni a mi pareja ni a mí nos ha afectado, todo lo contrario, bendita paz. De saberlo le hubiese contestado desde años atrás.