A lo largo de los años, he comprobado que da igual cuánto de deseado o no fuera un bebé, o cuáles eran las condiciones de vida de los padres: el aborto se vive como un drama. Que sí, que habrá que normalizarlo para entender que es un proceso natural y probable, y así evitar a las mujeres consumirse por tristeza, incluso por culpa. Pero, salvo en contadas excepciones, mis amigas lo han pasado muy mal. Y la gente, con su deseo de animar, no ayuda, sino que empeora la situación. Lo ilustro.
1. “¿Cómo ha sido?”
Una conocida preguntó a una de mis amigas por su embarazo cuando, lamentablemente, había abortado poco antes. Inicialmente, mostró apuro y se disculpó, pero luego le pudo más su deseo morboso de saber y le preguntó cómo había sido. Obviamente, mi amiga ni contestó.
2. “Era lo mejor”
Me parece increíble que esto se llegue a decir, en serio. Y no tenéis excusa ninguna las que lo hacéis. Que sí, que si la criatura traía alguna malformación o no se estaba desarrollando bien, la decisión clínica de interrumpir el embarazo es sensata y coherente. Pero lo mejor hubiera sido que todo marchara bien, y hay quien suelta tremenda basura en un momento en el que la madre se pregunta a cada instante: “¿Por qué me ha pasado a mí?”.

3. “Pronto te quedarás otra vez, ya verás”
Esta no falla. Todas las amigas que han abortado han tenido que oír esto, muchas veces dicho por otras amigas que ya son mamás (e incluso alguna que ya pasó un aborto antes de serlo). ¿Podemos dejar a las madres pasar su duelo tranquilas, sin la presión de volver a intentarlo cuanto antes y con tiempo para llorar su pérdida? ¿Y, a ser posible, sin darle esperanzas basadas en tu intuición? La intención es animar, sí, pero no creo que la elección de palabras sea la correcta.
4. “No querrías que te pasara como a mi amiga X, ¿no?”
Fui a visitar a mi amiga después de un aborto cuando su embarazo estaba ya muy avanzando. Estando en su jardín, llegó una vecina a darle besos y abrazos, muy efusiva. Para animarla, le contó el caso de una amiga cuyo bebé prematuro, del mismo tiempo que hubiera tenido el de mi amiga, sí llegó a nacer, pero fue un bebé y un niño enfermo hasta que murió.
Contar una historia tan dramática puede servir para hacer sentir a esa mujer que no está sola, que no es la primera ni la última a la que le pasa. Puede ayudar a tomar perspectiva, pero creo que hay que contarla con mucho tacto y saber cuándo es el momento óptimo para hacerlo. Aquel momento no lo era. Porque mi amiga no querría que le hubiera pasado como a la amiga de vecina, claro que no, sino como a otra de nuestro grupo, que parió un mes antes a su niña sin ningún problema.
5. “Claro, en tu caso es peor, porque ya estabas adelantadita”
Otra de mis amigas abortó en la semana 14. Tenía muchas ganas de ser madre y no le llevó mucho lograr el embarazo, pero su felicidad quedó opacada con un suceso como este. Por si ella no tuviera clarísimo lo que había pasado, y por si no estuviera transitando el dolor con suficiente intensidad, una conocida vino a contarle un aborto propio anterior y le soltó eso: “En tu caso es peor, porque ya estabas adelantadita”. Vale, gracias por recordármelo.

6. “Hija, a ver si esta vez puede ser”
Una de las amigas de las que he hablado logró un nuevo embarazo un par de años después de sufrir un aborto. Cuando ya se le notaba su barriguita, una conocida la paró por la calle para darle la enhorabuena y le dijo: “Ay, qué bien, hija, a ver si esta vez puede ser”. Y mi amiga, comedida, se limitó a sonreír sin ganas. ¿Había necesidad de recordarle el episodio o de hacer que aflorara su miedo? ¿No era suficiente con decir “Que te vaya todo genial”?
A mí me importa un pie que estos comentarios sean bienintencionados. En serio, dejad de decir la mierda esa de “Mujer, seguro que no lo dijo con mala intención” para justificarlo todo. Quizás no había mala intención detrás, pero la que suelta cosas como lo que expongo es la única responsable de lo que dice y hace. Es la única responsable de mejorar sus habilidades interpersonales con urgencia. Y es la única que se debe mantener en silencio si no es capaz de decir nada que lo mejore.