Estoy muerta de la ilusión. Nótese la ironía. Me han vuelto a invitar a un bautizo. De la hija de una prima. Y yo, la verdad, hace ya un tiempo que me pregunto para qué se bautiza hoy en día a un bebé… y después del último bautizo al que fui, sigo sin tenerlo claro.
No, los padres de la criatura no eran creyentes en absoluto, ni quieren siquiera oír hablar de cualquier cosa parecida a la religión. Y no pisan una iglesia ni para hacer turismo. Bueno, alguna boda y algún entierro, pero poco más.
Cuando le pregunté a la madre, me dijo que bueno, que bautizaban por tradición. ¿Por tradición? Tradición son las Fallas o San Fermín, ¿pero bautizar? Yo lo llamaría más inercia… Entonces me dijo que lo hacían por si acaso. ¿Por si acaso… qué? ¿Por si acaso el niño es un engendro del demonio y así lo exorcizan y se evitan problemas en un futuro? Como no se le ocurrió ninguna justificación más, se fue a saludar a otros invitados.
Que había un montón. No sé de dónde salía tanta gente. Y tampoco eran tan íntimos: había quien no sabía ni cómo se llamaba el bebé.
Y el momento bautizo… El niño con una cara de qué está pasando aquí, por qué narices este señor vestido con túnica me está mojando la cabeza si yo no le he hecho nada. Y mi madre, en lugar de arrearle y defenderme, se está quieta mirando. Y claro, el niño que se pone a llorar a moco tendido por tamaña injusticia. Ya me dirás tú la necesidad de traumatizar al niño a tan temprana edad.
Pero eso sí, el banquete fue espectacular. Demasiado para un bautizo, según mi humilde opinión. Pero vamos, que, si a los padres les hacía ilusión, quién soy yo para criticar. Hasta contrataron disc jockey… Que estaba claro que el bautizo era una excusa para montarse un fiestón. Porque lo que hicieron era un evento religioso con barra libre.
Se notaba que le dieron mucha importancia a la elección del restaurante. Muchas más que a la iglesia, que era bastante cutrilla. Y que estaban más emocionados por elegir el menú que por elegir padrino para su hijo. Por eso digo que a qué venía lo de bautizar… Si te quieres montar una fiesta, te la montas y ya está.
Y qué decir de los regalos. Ropa y trastos inútiles. Como unos cubiertos de plata. O una medalla de oro de la Virgen Niña. Eso sí, el regalo más repetido fue el de un sobre con dinero, para que los padres le comprasen lo que necesiten. Y eso me hace pensar que ya no se bautiza por un acto de fe, sino por organizar un evento financieramente estratégico.
Que no digo que esté mal, pero me pregunto si todavía tiene sentido bautizar a una criatura sin creer realmente en ello. Que la fe les dura lo que dura el convite y ponen más emoción en el banquete de después que en el agua bendita con la que riegan al niño.
Yo sigo sin tener claro para qué se bautiza hoy en día… pero oye, aquel día toda la comida estaba buenísima, incluso podría decir que bendecida.
