¿Cuántas veces habremos escuchado que en esta vida todo pasa por alguna razón?
En ocasiones nos encontramos con que algo que a priori era negativo, de algún modo se da la vuelta y provoca o da pie a una situación favorable.
Un despido que nos da el empujoncito que necesitábamos para emprender.
Un esguince que te da la oportunidad de parar y descansar de todo.
Un vuelo retrasado que te permite preparar mejor esa reunión.
Las posibilidades son infinitas, uno nunca sabe qué hará el Universo para ponernos en el camino de las cosas que queremos o que nos hacen bien.

Pues bien, vamos a darle una vuelta a esa creencia a través de los siguientes testimonios, ya que tres chicas me han contado por qué ser infiel les ha hecho estar mejor con sus parejas y podéis leer sus experiencias a continuación:
- AUTOESTIMA. Mi novio y yo estábamos en crisis. O sea, no era una crisis propiamente dicha. Llevábamos mal desde el principio porque yo arrastraba unos problemas de confianza y autoestima desde mucho antes de conocerle. Eso lastraba nuestra relación a todos los niveles y no nos dejaban avanzar. Me costaba confiar en él, me resistía a creer que alguien tan maravilloso tuviera un interés verdadero y puro en estar conmigo. Estaba decidida a dejarle y pensaba hacerlo a la vuelta de un viaje de fin de semana con mis amigas. Mi decisión era tan firme que, cuando aquel inglés que se daba un aire a Richard Madden se fijó en mí, a pesar de estar rodeada de docenas de chicas más guapas y disponibles… me dejé llevar y actué como si lo nuestro ya fuera historia. Al volver a casa la idea de romper ya no estaba tan clara. Mi aventurilla me había dado un subidón de moral. No sé cómo explicarlo, de repente me sentía atractiva, deseable, válida… Digna de mi chico. Esa infidelidad salvó una relación que estaba muy tocada y en la actualidad seguimos juntos, por lo que no me arrepiento de nada.

- PLACER. Yo llevaba con mi chico desde el instituto y teníamos una relación sana y bonita, salvo en el terreno sexual. Ninguno de los dos habíamos tenido experiencias previas y pensábamos que lo que nos pasaba era una putada, pero que entraba dentro de lo normal. Me explico, para mí el sexo era una mierda. Más allá de los preliminares ni lograba correrme ni disfrutaba ni nada de nada. En el mejor de los casos no tenía dolor. Pero vamos, que lo hacíamos poquísimo y yo casi que por autoimposición. Entonces conocí a un chico en las clases de un master al que me apunté. Era supersimpático y divertido. Se sentó a mi lado el primer día y no nos volvimos a separar. Nos enrollamos una tarde que quedamos para hacer un trabajo. No sé qué me pasó, se me fue la pinza con él. Me ponía muchísimo, me excitaba solo con tenerlo sentado al lado y verlo atender en clase. Y creo que, entre eso y que, aunque insatisfecha y resignada, yo ya no era una chiquilla virgen y miedosa… Pues el sexo con él era lo que no había sido jamás con mi novio. Estuvimos juntos unos meses, lo que me llevó darme cuenta de que el lío había sido excitante y placentero, pero que no iba a pasar de eso porque yo quería a mi novio. Así que corté lo que fuese que tenía con el compañero de máster y se lo conté todo a mi chico. Y rompimos. Estuvimos separados cuatro meses en los que él estuvo con otras chicas para tener sus propias experiencias y darse cuenta también de que me quería a mí. Volvimos queriéndonos aún más que antes, si cabe. Y el sexo… increíble, nena. ¡Increíble!

- NECESIDADES. Tuve un despertar sexual, digamos, precoz y nunca fui la típica niña que soñaba con un príncipe azul. Mi interés en los chavales era más práctico que romántico. Desde el colegio hasta los treinta apenas si salí formalmente con un puñado de chicos. Eso sí, me acosté con más hombres y mujeres de los que recuerdo. A mí me iba bien así, ni me enamoraba de nadie ni quería hacerlo. Pero todo cambió cuando conocí al que en la actualidad es mi pareja. Me había llegado la hora de enamorarme. Los primeros meses todo estupendo, sin embargo, cuando llevábamos cerca de un año juntos, noté que se me estaba pasando la euforia de la novedad y que cada día que pasaba el cuerpo me pedía más marcha que el anterior. Hasta que un día pasó lo que ya sabía yo que iba a pasar. Me acosté con un tío cualquiera en el baño de un garito cualquiera. Como ya había hecho tantas veces antes de enamorarme. Me sentí de maravilla durante unos minutos y como una puta mierda los días siguientes. Se lo confesé porque no era capaz de mirarle a la cara y al menos le debía una explicación. Le conté lo que había hecho. Lo poco que significaba para mí en el plano sentimental y lo mucho que necesitaba ese tipo de cosas, que realmente una vida sexual variada y excitante era una necesidad para mí. Sé que fue difícil para él, pero hizo el esfuerzo de entenderme e hicimos ciertos cambios en nuestra dinámica de pareja que nos ayudasen a mantener en equilibrio las necesidades de ambos. Desde entonces mantengo relaciones sexuales habitualmente con otras personas. Y él también. Nuestra única regla es que el otro esté siempre presente. Me alegro cada día de aquella primera y única infidelidad, de no haberla cometido estaríamos abocados a la ruptura, o a una relación insana y desequilibrada.
¿Qué os han parecido estas historias de infidelidad?
¿Cómo creéis que lo llevaríais si estuvieseis en su lugar?