Llevo unos días que me acuerdo mucho de la mujer que era antes de ser madre.

Desde que soy madre, todo mi mundo se ha dado la vuelta y ahora, el centro no soy yo, si no ellas. Mis hijas.

A pesar de eso, me he sorprendido a mí misma recordando los días que creía que vivía con prisa. Que pensaba que mi vida iba demasiado rápida y que era la mujer que llegaba tarde a todas partes. ¡Qué ilusa! Ahora sí que sé lo que es correr y que el tiempo corra contigo. Diría, incluso, que el tiempo corre por delante de mí.

Sin ir más lejos, ayer mismo, estuve escuchando la música que tanto me gustaba. Ese grupo por el que fui a tantos conciertos. Cuando creía que todas sus canciones hablaban de mí y de aquel amor que duró lo mismo que la batería de mi nuevo Smartphone. Pues, dejadme que os confiese algo, ahora, las canciones, no hablan de mí.

mujer libre

Que no miento si digo que sentía la vida de forma diferente, que vivía de forma diferente y, en definitiva, que sentía de forma diferente. Era otra mujer. No diré que ahora todo es más intenso, porque ahora es todo más caótico, se podría decir.

No le doy tanta importancia a cosas que antes creía que eran muy importantes, como ir arreglada a todas partes. En este momento de mi vida, me conformo con hacer el ánimo para ir e ir.

He perdido el miedo al ridículo, el miedo al fracaso, el temor a que me pillen en una mentira e incluso el pánico que me daba bajar una cuesta montada en mi bici. Eso sí, he perdido todos esos miedos, pero he ganado muchos más. El miedo a que le pase algo a mis hijas, a que enfermen, a que se vayan de este mundo antes que yo, el miedo a perderme cosas importantes para ellas… El miedo a fracasar como madre. En fin, miles de miedos que ni conocía.

Otra de las cosas que más me llama la atención de mi yo actual, es que cada vez me parezco más a mi madre. Cosa que, de adolescente, pensaba que no haría jamás, pero sí. Me parezco a mi mamá y no poco. Sobre todo, con ese super poder que tienen las madres para encontrar todo lo que se pierde. Desde que soy madre he adquirido ese super poder.

He de reconocer, que, hasta hace poco tiempo, con la ausencia de mi yo anterior, me sentía perdida. Era como si no me conociera. Era otra mujer. Como si no supiera quien es esta nueva yo, pero ahora he comprendido el porqué: jamás volveré a ser quien fui.

Si os peguntáis porqué escribo esto o que si tanto echo de menos cuando no era madre para qué he tenido hijos, pues bueno… Os diré que ser madre es la mejor decisión que he tomado en mi vida y que mis hijas son lo que más quiero en el mundo. Daría mi vida por ellas, pero eso no quita, que en ocasiones anhele a mi yo anterior.

 

Y es que, la mujer que soy hoy en día, con mis defectos y mis virtudes. Es gracias, sin duda, a la mujer que fui.