El otro día estaba en la plaza después del colegio, en esa especie de supervivencia colectiva que hacemos las madres y los padres mientras nuestros hijos corren como si acabaran de salir de una rave infantil clandestina.
Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado
Mi hija estaba jugando con su patinete tranquilamente cuando otra niña se acercó y se lo pidió.
¡Sorpresa! Mi hija le dijo que no, que no se lo dejaba. Y claro, ahí entré yo, intentando negociar diplomáticamente un tratado internacional sobre un patinete rosa de tres ruedas.
«Cariño, déjaselo un ratito y luego te lo devuelve» Que no. Que no quería. Que era suyo. Y como mi hija ha heredado exactamente el mismo nivel de cabezonería que su madre, aquello no había Naciones Unidas capaces de solucionarlo.
Entonces la otra niña, que tendría algo menos de tres años (igual que la mía) se acercó, le dio un pequeño empujón en el pecho y le soltó «Eres fea»
Y os juro que yo me quedé congelada. Pero congelada de verdad.
No porque pensara que una niña de tres años acababa de destruir psicológicamente a mi hija, sino porque me impactó profundamente escuchar el concepto FEA salir de una niña tan pequeña.
Porque yo jamás le había oído a mi hija usar esa palabra. Jamás. Guapa sí. Malo también. A veces dice que una silla es mala si se golpea o que alguien es malo si le pega, pero feo… feo nunca.

Y de repente me di cuenta de algo que me dejó completamente descolocada: los niños absorben muchísimo antes de lo que creemos toda la jerarquía estética del mundo.
Con tres años ya saben que GUAPO es bueno y que FEO es un insulto, un arma. No te voy a mentir, aquello me rompió un poco el corazón.
Mi hija se giró hacia mí y me dijo «Ama, me ha llamado fea»
Y ahí estaba yo, una señora de 35 años, completamente superada emocionalmente por una discusión entre dos niñas pequeñas en una plaza.
Nadie te enseña cómo responder cuando tu hija empieza a entrar en contacto con las primeras violencias injustas de este mundo de mierda.
Y yo solo pude abrazarla y decirle «Cariño, te ha dicho eso porque está frustrada y se ha enfadado mucho, pero tú no eres una niña fea. Eres una niña preciosa y además las personas, cuando están enfadadas, a veces dicen cosas que no son verdad para intentar hacer daño»
Y mi hija, sinceramente, creo que pasó página en aproximadamente siete segundos porque vio un perro y decidió que aquello era muchísimo más interesante que el drama emocional de su madre.
Pero yo no: Yo me quedé pensando en este tema muchísimo rato.
Porque yo quiero que mis hijas crezcan en un mundo donde FEO no sea un insulto. Donde no vivan midiendo el valor de las personas por cómo son físicamente. Donde no sientan que tienen que ser bonitas para merecer cariño, atención o validación.
Y sin embargo el mundo ya les está enseñando eso con tres años. CON TRES PUTOS AÑOS.
Sinceramente os digo que me dejó mucho más impactada de lo que me gustaría admitir.