Existe una ley universal no escrita que dice que tú puedes pasarte tres meses monísima, depilada, oliendo a vainilla y vestida como una estrella de Pinterest sin encontrarte absolutamente a nadie interesante.
Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado
Ahora bien… el día que sales hecha una absoluta desgracia humana… ese es el día en el que te vas a encontrar al amor de tu vida.
O en mi caso, el que yo pensaba que era el amor de mi vida desde los 17 años.
Porque claro, una nunca supera del todo a su primer gran amor: eso es así. El primer tío que te rompe el sistema nervioso ya se queda viviendo en una esquinita de tu corazón para siempre.
Y el mío era increíblemente guapo. Pero guapo… nivel ofensivo.
De estos hombres que parecen escritos por una adolescente con exceso de imaginación. Rubio, alto, sonrisa perfecta, ojos claros, espalda enorme y esa cara de «Te voy a destruir emocionalmente a base de mucho encanto»
Pues ese tipo de tío… Y no te voy a engañar, yo siempre tuve una fantasía ridícula de reencontrármelo años después estando yo espectacular, bajándome de un coche elegante, pelo brillante, él mirándome en shock y pensando «Dios mío, la perdí»
Bueno tía, pues el universo pensó que eso era muy típico y se le ocurrió otra cosa.
Porque me lo encontré el día que parecía una señora recién evacuada de un incendio. Moño sucio, gafas de culo de vaso, camiseta vieja del Pryca… que tristura de situación, de verdad…
Y además iba cargada con dos bolsas del supermercado y con cara de o querer esconderme o querer bajarme de la vida.
Y ahí estaba él…Perfecto. CLARO QUE ESTABA PERFECTO.

Porque los hombres tienen esa maravillosa capacidad de aparecer impecables… justo cuando tú pareces ese trozo de patata frita con pelusas que recoges de la esquina del sofá.
Y encima me sonríe tío… y yo me quería deshacer y que filtrarme entre las baldosas.
Como si yo no estuviera allí vestida como una rehén intercambiada en una operación policial.
Y me dice «Joder… cuánto tiempo». Pues sí, cariño…muchísimo y aunque no lo parezca la vida me ha tratado bien.
Lo peor es que durante unos segundos volvió todo: Los nervios, la tontería, las mariposas adolescentes, esa sensación absolutamente humillante de volver a tener 17 años aunque tengas ya edad para tener hipoteca.
Es curioso que cuando hay personas que te marcaron en una etapa tan concreta de tu vida, es como si tu cerebro no supiera actualizarlas, da igual cuántos años pasen.
Da igual cuántos hombres conozcas después, tu cuerpo sigue reaccionando igual.
Y allí estaba yo, intentando parecer una mujer adulta y estable mientras era incapaz de contar a cuantos días se enfrentaba aquella camiseta sucia que había decidido ponerme para hacer la compra.
Y sinceramente os digo una cosa: yo siempre pensé que si algún día volvía a verlo, el universo me daría una segunda oportunidad para impresionarle.
Y AHORA SÉ CON SEGURIDAD, QUE LE IMPRESIONÉ.