Desde hace años tengo claro que no quiero ser madre o, al menos, no biológicamente hablando. Siempre he pensado que hay muchos niños sin hogar en el mundo y que no es necesario dar vida a una personita más, pudiendo ayudar a los que ya están aquí pero que no tienen la suerte de tener unos padres que los quieran. Este pensamiento mío es compartido por mi pareja, así que hace un tiempo nos centramos en la idea de adoptar a un niño. Contacté con la asociación de adopción de mi comunidad autónoma y al poco se pusieron en contacto conmigo para convocarnos a una reunión con otros posibles adoptantes. En ella nos dimos cuenta de que había muchos padres esperando poder adoptar uno, que el proceso de adopción es largo y duro, y que había una larga lista de espera en adopciones nacionales porque hay más padres esperando adoptar que niños sin hogar. 

Canal de mamis en whatsapp, vente

Ahí ya empezamos a ser conscientes de que lo realmente generoso sería acoger a una personita que estuviera en un centro de acogida porque sus padres no pueden cuidar de ella. Al final, muchas personas están esperando para adoptar porque no pueden ser padres de manera natural y los bebés tendrán fácil acogida por un montón de personas deseosas de dar todo su amor a un niño sin padres. Pero los que realmente necesitan alguien que les quiera y les ayude son aquellos, normalmente ya más grandes, que no pueden estar con sus padres biológicos por un tiempo determinado. 

Nos pusimos en proceso y al poco nos llamaron porque había una niña que necesitaba unos padres de acogida por un tiempo indeterminado. Nos ilusionamos mucho, Carola tenía siete años, no tenía padre y su madre estaba internada en un centro de desintoxicación. Sabíamos que Carola podía estar con nosotros poco tiempo o mucho, hasta incluso ser mayor de edad. No se sabía si la madre podría hacerse cargo de ella en algún momento de su infancia.

Al principio, la relación con Carola nos costó. Ella echaba de menos a su madre y no se abría mucho con nosotros. Poco a poco fue cogiéndonos confianza y empezó a ser muy cariñosa tanto con mi pareja como conmigo. Es cierto que nunca dejó de tener presente a su madre, pero cada vez le hacía más ilusión pasar tiempo juntos como si fuéramos su familia.

Carola estuvo con nosotros tan solo dos años. Su madre fue superando su adicción y al principio las visitas fueron más espaciadas, pero al tiempo quiso recuperarla. Es normal que lo hiciera, y una hija debe estar con su madre, pero a mí se me cayó el mundo encima. Pensé que Carola pasaría mucho más tiempo en nuestra casa, me imaginé compartiendo muchos otros momentos especiales de su vida junto a ella, y cuando nos llegó la noticia de la recuperación de su madre, no pude alegrarme. Sé que lo que digo es muy egoísta pero no pude evitar sentirlo así, no pude evitar pensar que perdería a una de las personas que más quería. Ahí me di cuenta de que realmente no soy tan generosa como creía, me di cuenta de que egoístamente estaba pensando en mí y no en la niña que tanto quería, y eso me hizo plantearme muchas cosas, entre otras, que no estaba hecha para la acogida. Mi pareja se lo tomó diferente, es cierto que ya sabíamos que acoger a un niño era eso, darle todo el amor y la educación que no pueden darle sus padres por un tiempo determinado, solo indefinido en según qué casos.

Carola nos sigue visitando a menudo, se ha convertido en una adolescente buena, responsable, educada y cariñosa y sé que en parte ha sido gracias a la educación que nosotros le dimos durante esos años, pero no puedo evitar sentir nostalgia por el tiempo que compartimos a diario y aún a veces sigo apenada porque su madre se recuperara tan pronto haciéndome mucho peor persona de lo que pensé nunca que fuera.