Todo comenzó en Tinder, esa aplicación del demonio que pocas veces trae algo bueno, pero que de vez en cuando te hace pensar que quizá no todo está perdido. Allí conocí a Cristian. La conexión fue instantánea; empezamos a hablar de todo, 24 horas enganchados al móvil. Todo parecía idílico: compartíamos sentido del humor, manera de ver la vida y puntos vitales similares. Todo encajaba.

En sus fotos de Tinder e Instagram, Cristian parecía el chico perfecto: alto, rubio, ojos claros; un guapetón que entraba de lleno en mi tipo. Tras semanas hablando, decidimos que era hora de quedar. Yo estaba emocionada, ilusionada, lista para conocer al chico que había ocupado mi mente.

Llegó el día de la cita. Él se encargaría de recogerme en la puerta de casa. Primer error de novata: decirle dónde vivía. Aprendizajes de la vida. Bajo al portal ilusionada y ahí fue cuando la realidad me golpeó como un cubo de agua fría. El chico de las fotos era él, sí, pero de hace 15 años. En persona: calvo, con sobrepeso y, para ser honesta, prácticamente irreconocible. No soy quién para juzgar, soy chica gorda y sé lo que es vivir con inseguridades, pero esto no se hace: presentarte como alguien que claramente ya no eres.

La sorpresa me dejó loca. Decidí seguir con la cita porque ya estaba ahí y no quería hacerlo sentir mal. Cenamos y traté de ser yo misma, aunque no conseguí sentirme cómoda. Él estaba encantado, repitiendo una y otra vez lo guapa que era. Mi mente pensaba: «Sí, muy bien ese entusiasmo, pero ¿el Cristian de hace 15 años no puede venir, por favor y gracias?».

Al final de la noche me llevó a casa y, para mi sorpresa, ¡apareció con una mochila cargada de ropa! Resulta que tenía intención de quedarse a dormir. Yo, con humor, le dije: “Yo me voy a dormir, tú no sé”. Buenas noches. Me bajé del coche dejando claro mi límite.

Un par de días después insistía en hablar. Yo, mucho más distante, le conté que no había sentido conexión. Su reacción fue exagerada: me dijo cosas feas, intentó manipularme y, para rematar, me reclamó los 40 euros de la cena por Bizum. Se los envié y lo bloqueé inmediatamente.