Asúmelo: NUNCA vas a estar contenta

Andaba contenta últimamente porque había logrado organizar mis días de manera que resultaran más provechosos y productivos. En lugar de llevarme a engaño con que la flexibilidad horaria en el trabajo me permitía levantarme a la hora que me diera la gana, comienzo el día temprano y con más foco en lo que estoy haciendo. Para mí, todo un hito. Ya me iba presentando a los míos como “la nueva Azahara” (que no es mi nombre real, por cierto, solo un pseudónimo). 

Los días resultan más productivos, sí, lo que puede ser un arma de doble filo: como sientes que puedo sacarlos adelante bien, me exijo más. Pero, a eso de las 9 de la noche, hora en la que la antigua Azahara estaba fresca como una rosa, ahora estoy que me caigo y con un humor de perros. Hasta el punto de que, como alguien que me exija un mínimo de atención, se expone a que le arranque la nuez de un “bocao”. Fui desagradable con un familiar uno de esos días, de hecho, lo que me hizo sentir culpa.

Es solo un ejemplo cotidiano de cómo una insatisfacción me hizo implementar cambios que me llevaron a otra. Menor, pero otra. Es algo que solemos experimentar y que tiene un calado mayor, porque abarca incluso fases de la vida: la de los estudios, la del trabajo, la de crear una familia… Siempre se quiere más, y parece que nunca es suficiente.

  • Los deseos siempre implican insatisfacción

Justo estoy leyendo el libro Sapiens: de animales a dioses, un top ventas de Yuval Noah Harari. Ya leí hace unos meses 21 lecciones para el siglo XXI, que me encantó. El autor recuerda la historia de Gautama, quien fuera heredero de un pequeño reino del Himalaya. 

A los 29 años huyó del palacio para viajar como un vagabundo por el norte de India, y aprender cómo liberarse del sufrimiento. Llegó a la conclusión de que este no está causado por la mala fortuna o la injusticia social, sino por nuestra propia mente. 

La mente reacciona con deseos, y estos siempre van a generar insatisfacción. Cuando experimentamos algo desagradable, queremos librarnos de ello. Pero, cuando se trata de algo placentero, queremos que perdure o que el placer se intensifique. Lo que también genera insatisfacción. Nunca estamos contentos/as.

Harari ponía un ejemplo muy elocuente, con su peculiar audacia. Nos pasamos la vida soñando con la pareja ideal. Cuando creemos encontrarla, experimentamos ansiedad por que no nos abandone, o nos preguntamos si es lo que merecemos o si habrá por ahí alguien mejor. Es frecuente encontrar a personas que viven con ambos pensamientos. 

  • Vivir en el ahora

La manera de salir de este círculo vicioso es, según Gautama, entrenar la mente para experimentar la realidad tal y como es, sin sentir ansiedad por otra cosa. Si sufres algún episodio desagradable que te haga sentir tristeza, puedes experimentarla sin desear que desaparezca, para no sufrir por ello. Sería pasar a “¿Qué estoy experimentado ahora?” y dejar atrás el “¿Qué desearía estar experimentando?”. 

Gautama desarrolló un conjunto de técnicas de meditación que basó en normas éticas, y de las que algunas habréis oído hablar. Sin conocer nada sobre su filosofía, hace tiempo que me planteo algo: urge que ponga el foco en lo que hago y deje de correr. No correr por hacer muchas cosas o llegar a un lugar concreto, sino por la manera en que anticipo escenarios o deseo cosas que no tengo. 

Me voy a plantear como propósito del año practicar meditación o mindfulness, para experimentar las situaciones de mi vida tal y como son sin preocuparme por controlarlas. Ya os contaré. 

 

Azahara Abril.