Hoy es un día triste para los amantes de la lectura.

Hoy te vas tras un largo viaje por “El laberinto de los espíritus” y por tu amada Barcelona. Aquella que jamás olvidaste a pesar de haberla dejado físicamente hace casi treinta años.

Nos descubriste la Ciudad Condal con un misterio, embrujo y humedad que nos transportaron a ella a pesar de no conocerla, o al menos no como en las escenas que recreabas en nuestras imaginaciones.

Qué bien hiciste en no querer que tus obras se llevaran al cine. Jamás podrían reproducir lo que conseguiste en nuestras cabezas con tus relatos.

“La librería Sempere e Hijos” anhelará que sigas contando historias escondidas entre sus estanterías.

Julián Carax, Daniel Sempere, Fermín Romero de Torres, Andreas Corelli y los demás echarán de menos la forma en que los describías y nos los presentabas.

Nosotros no tendremos la suerte de acudir al “Cementerio de los libros olvidados” para leerte, nos habría encantado que existiera.
Pero al menos tenemos la fortuna de poder releerte cuando queramos.

El cementerio de los libros olvidados

La primera vez que te leí fue en el orden incorrecto. Te descubrí entre el millón de libros que tiene mi abuelo, del que heredé la pasión por la lectura.
Me llamó la atención el título: “El juego del ángel”, y ahí empezó mi predilección por tus historias, que luego ordené como debía.
Fue sumergirme entre sus páginas y enamorarme del relato, pero sobre todo enamorarme de tu forma de escribirlo y describirlo.
Para mí, el autor con más calidad de redacción que existe, con la forma más soberbia de utilizar y conjugar cada verbo y cada sustantivo.

De cada libro que leo tengo la maravillosa manía de marcar las páginas en las que encuentro citas dignas de recordar. Luego las transcribo a un sitio en el que las pueda leer de cuando en cuando.
En tus libros, el número de páginas marcadas es mucho más cuantioso que en cualquier otro.

Los que disfrutábamos de leerte y releerte extrañaremos tu sublime forma de utilizar las palabras, tu destreza léxica, la majestuosidad con la que describías todo, desde el ambiente de la calle, hasta embellecer el insulto.
Por algo dicen que eres el autor español más leído en todo el mundo después de Cervantes.

Descansa en paz amigo, aquí te recordaremos desde “La Ciudad de los Malditos”.

Y con un vaso de agua de Vichy recordaremos aquello que escribiste:
“Tenga. Esto lo cura todo, menos la tontería, que es una pandemia en alza.”
Y no nos quitará la tontería, pero tal vez nos cure un poco el corazón que hoy se rompe.

Marta Freire