Me escribe Verónica muy triste y avergonzada para pedirme que cuente la historia de su amistad con María. Al parecer llevaba años convencida de algo que ahora parece no ser cierto, al menos solamente lo era en su cabeza.
Vero y María coincidieron trabajando en una tienda de cosméticos. Vero era veterana cuando María llegó y pronto se cayeron genial. Se contaban la vida en verso en los aburridos turnos de los meses de temporada baja y se desahogaban a gusto antes de irse a casa tras los turnos de locura en temporada alta.

Después de un año trabajando juntas, Vero consiguió un trabajo mejor. Ella y María quedaban para comer los miércoles, que era cuando María hacía turno doble en la tienda y a Vero le iba bien.
Hablaban por WhatsApp varias veces por semana y solían estar al día la una de la vida de la otra.
Pero entonces María se casó. No es que se casase de repente, pero sí lo fue un poco para Vero. María le dijo que ahora estaría liada unas semanas y luego se iría de viaje a México con su marido (al que siempre había llamado así, “mi marido”). Pero no sabía el motivo por el cual pasaría aquello, pensó que serían unas simples vacaciones.

Vero alucinó cuando vio en los estados de WhatsApp de María un montón de fotos de su boda. Fotos de ella con su marido, de ella con sus amigas, de las cuales le hablaba siempre… Una boda no es algo que se te olvide comentar, pero bueno, entendió que quizá a María se le hacía difícil hablarle de su boda si no tenía pensado invitarla.
La felicitó con cariño, a pesar de no entender por qué no le había dicho nada. Ella le dio las gracias y, a la vuelta de aquel viaje que sí le había contado, aunque no le dijera que era en realidad una luna de miel, volvieron a comer los miércoles.
Inevitablemente, Vero le dijo nada más llegar que cómo tenía tan callado el tema de la boda, que a ella no le parecía mal que no la invitase, pero que le había extrañado mucho que no le hubiese comentado nada en los meses anteriores. Llevaban ya dos años de amistad y le daba curiosidad saber por qué aquel secretismo.

María, seria, sin entender nada de lo que Vero decía, le dijo que la boda era un tema para familiares y amigos y que no se lo había contado porque no la consideraba amiga. Era solamente una compañera de trabajo con la que pasaba el rato en los tiempos muertos, pero nunca la había considerado una amiga como para hablar con ella algo tan importante.
Vero no supo cómo reaccionar, las palabras de la que consideraba su amiga no eran irrespetuosas en absoluto, pero le hacían mucho daño. Si no eran amigas ¿por qué siempre le contaba sus cosas y la aconsejaba cuando tenía alguna duda? ¿Por qué comían juntas cada miércoles y le hablaba de sus amistades y de la familia de su marido?

María dijo que creyó que ella también tenía los miércoles muertos a mediodía y por eso comían juntas, pero que, desde luego, eso no las hacía amigas. Que para ella era una conocida del trabajo y que no creía que realmente pudieran llegar a ser amigas, pues fuera de aquello, no tenían nada más en común.
Vero me preguntó que qué es lo que hace falta para ser amigas, a partir de qué número de confidencias pasas de conocida a amiga, a partir de qué café, de qué reel de Instagram, de qué WhatsApp nocturno… No le supe contestar porque, en realidad, hace mucho que dejé de entender las relaciones sociales en la actualidad.
Quizá Vero y yo acabemos siendo amigas. Quien sabe. Yo no necesito tanto como María para hablar de lo que es importante para mí, pero tampoco estoy en mi mejor momento social… Lo que sé es que Vero no se merecía esas palabras que, aunque respetuosas, fueron desagradables.
Han dejado de comer los miércoles, pues a Vero no le queda cerca de casa precisamente y decidió dejar de invertir su tiempo en una amistad que tenía una sola dirección.
Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.
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