Mi madre nunca me llamó gorda directamente, era mucho más sofisticada que todo eso.

Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado

Mi madre pertenece a esa generación de mujeres capaces de destrozarte la autoestima mientras te pelaban una manzana y te preguntaban si querías más lentejas.

Todo desde el amor, por supuesto, desde el amor de madre, porque mientras aniquilan tu autoestima siempre acaban sus puñaladas con un «Te lo digo por tu bien»

Porque las madres de aquella época no creían que estaban hiriendo a sus hijas.

Creían que las estaban preparando para sobrevivir en un mundo donde el valor de una mujer dependía muchísimo de cuánto espacio ocupaba físicamente.

Y yo crecí escuchando frases maravillosas como: «Con ese cuerpo no va a quererte nadie» «Tú tienes una cara muy bonita, si adelgazaras un poco…» «Tu amiga sí que tiene un tipazo» «No te pongas eso que te marca mucho el cuerpo» «Ten cuidado, que los hombres se fijan mucho en estas cosas» «Deberías adelgazar porque las chicas como tú son solo para un ratito, para casarse quieren a las delgadas».

Y claro, una niña no sabe defenderse de eso. Cuando tu madre habla, tú no escuchas una opinión. Escuchas una verdad absoluta y esas verdades absolutas te destrozan por dentro.

Así que crecí pensando que mi cuerpo era un problema que había que solucionar antes de merecer amor. Y créeme que eso se mete muy dentro.

Se clava cuando vas de compras con amigas y automáticamente buscas la ropa que disimule tu figura.

Se clava cuando un chico te gusta y piensas «Ya, pero yo ya sé que no le voy a gustar»

Se clava cuando alguien intenta hacerte una foto y tú la borras antes incluso de verla, porque no quieres ni verte en el reflejo de los cristales.

Se clava cuando te cuesta creer que alguien pueda desearte de verdad.

Yo recuerdo perfectamente esconderme para comer ciertas cosas. Cambiarme de ropa cinco veces antes de salir. Taparme constantemente y aflojarme la ropa. Tener 20 años y sentir que mi cuerpo era algo por lo que pedir perdón.

Mi madre probablemente no era consciente del daño que estaba haciendo, porque ella había crecido igual.

Porque a ella también le enseñaron que una mujer delgada valía más. Que ser deseable era casi una obligación moral y que el cuerpo femenino era un proyecto eterno de corrección.

Un día llegué a un momento muy duro donde entiendes algo importantísimo: que puedes querer muchísimo a tu madre y aun así tener que protegerte de ella.

Hay comentarios que no puedes seguir dejando entrar, aunque entiendas de dónde vienen.

Qué importante es aprender a poner límites, a cambiar de tema.

Y qué importante es ser capaz de romper el ciclo: de ser una madre distinta para tus hijas, una amiga distinta para tus amigas y una mujer distinta para este mundo.