Querido diario

¿Cuánto estamos dispuestos a anularnos por gustar?

Soy de esas románticas a las que no les cuesta admitir que frecuento asiduamente conciertos de Pablo Alborán. Sí, de esas. De las que declara su amor incondicional al novio en redes sociales, de las que suben un huevo de collages con corazones a Instagram, de las que escucha algún temazo romántico en la radio y piensa enseguida que qué puta maravilla es el amor. Todo eso, claro, está muy bien mientras se tenga novio: cuando a una la dejan, la historia es otra.

Y a mi, amigas, me dejaron.
Durante semanas mis redes sociales se llenaron de mensajes de desamor, de paisajes lluviosos en Instagram, de canciones cortavenas a tutiplén. Por supuesto sigo escuchando a Pablo Alborán porque hay cosas en la vida que no cambian.

Terrorífico.

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El duelo de dejar una pareja está muy bien mientras una no se entere de nada, pero luego pasa que una se toma un café con una amiga y la vida te cambia en un minuto. Una llega ahí con su cara de que se te ha muerto el alma, dispuesta a llorar los siete mares, cuando la amiga suelta una bomba nuclear: “TU EX SE HA HECHO TINDER”. Y una lo único que quiere es morirse, resucitar, y morirse de nuevo.

Mi amiga, con la mejor intención del mundo, me enseña los pantallazos del perfil de mi ex, donde el muy hijo de la grandísima fruta pone fotos que YO le tomé en nuestras últimas vacaciones (y donde sale pibonazo, a quién vamos a engañar). Intento que no me afecte, pero me afecta. Me paso la noche dando vueltas pensando en que quiero volver con él, pero él ahora está ligando a tope con quién sabe quién. Releo nuestros whatsapps y él está ahí, vivo, palpitando en cada emoji con ojos de corazón, por lo que no logro comprender cómo es que él está en Tinder y yo aquí hecha un despojo.

No sé si necesito que me abofeteen o que me abracen.

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¿Pero sabes qué hace una en esos casos? Una no se despide con dignidad. Una no dice “que le den a ese pringui, si yo soy lo más, que se pudra ese”, no. UNA VA Y SE HACE UN PERFIL DE TINDER. Y no, como podríais creer, para buscar maromos con los que ligar cada día de la semana, no. UN PERFIL PARA LIGAR CON EL EX.

Perdonadme, pero es que a veces soy de naturaleza gilipollas.

Así que hice eso. Me hice un perfil con fotos de una chica que encontré en Facebook (saludos, Monica de EEUU) que sabía que a mi ex le gustaría. Me hice una descripción chachi con cosas que le gustaban a él: el padel, Juego de Tronos, Star Wars. Me convertí en un personaje que a él le encantaría y me puse a darle al Tinder como si mi vida dependiese de ello.

Hasta que lo encontré. Like. El segundo más largo de mi vida hasta que vi lo que había estado esperando: Match. Mentiría si dijera que en ese momento el corazón no me latió más fuerte que en mi vida.

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Y llevamos dos semanas al aparato, amigas.
La primera semana estuve temblando pensando en que diría algo que me delataría. Alguna palabra, alguna frase muy mía que le hiciera sospechar de mi identidad. Pero nada. No me costó sacar a la luz todas las cosas que sé de él, todo aquello que le gusta y mueve, y hacerlas ver como mías, para que él pensase que somos poco menos que almas gemelas. A la semana me fui de vacaciones a Asturias así que fue la excusa perfecta, los kilómetros, para no quedar en vernos en persona.

Y así estamos. Antes de que me linchéis:

Sé que lo que estoy haciendo está mal.
Sé que estoy jugando a un juego peligroso, que no debería perder mi ni mi tiempo ni mi energía.
Sé que lo peor de todo esto no es estar engañando a mi ex (no os contaré las razones por las que me dejó, que al fin y al cabo no vienen a cuento, ni lo hacen más o menos merecedor de este juego): lo peor de todo es que, con tal de mantenerlo cerca, me estoy anulando por completo, olvidándome de mí misma sabiendo que este personaje que me he inventado jamás podrá quedar con él.
Todo con tal de no dejarlo ir, sabiendo que nunca lo tendré de nuevo.

La pregunta del día es:
¿Cuánto estamos dispuesto a anularnos por gustar a alguien, aunque sea todo una mentira?
¿Por qué volvemos a situaciones familiares aunque sepamos que son dolorosas, imposibles?

Os dejo, que me está hablando.

Autor: Anónimo

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