Querido diario

Cuatro meteduras de pata brutales que me coronan como (mala) madre

En los últimos años parece haberse puesto muy de moda eso de ser una mala-madre. Hay grupos en redes sociales, blogs que hablan sobre ello, influencers que se identifican totalmente con este movimiento. Pero, ¿qué tipo de chica es realmente una mala-madre?

Leyendo e informándome a fondo he comprendido que toda mujer que se sabe imperfecta pero perfecta para sus retoños, es una mala mamá. Dicho de otro modo, una persona que es humana, comete sus errores (como todo el mundo) y que, aunque no sigue a rajatabla todas las normas estipuladas de la maternidad, ama cuida y cría a sus polluelos como la mejor. Siendo así, ok, yo también me uno al club.

Y es que si hablamos de meteduras de pata magistrales es muy difícil ganarme. Pero aún así mi pequeña criatura se está criando maravillosamente (aunque empiezo a pensar que es mero instinto de supervivencia). Tampoco es que haya puesto en peligro nuestra integridad física ni muchísimo menos, ¡por favor, no!, pero sí que nos han pasado algunas cositas que dudo mucho que ella quiera recordar en un futuro…

OLVIDARSE EL PAÑAL

Es una rutina obvia: baño-secar-crema-pañal-body-pijama. Pues no hubo manera. Hasta dos noches amanecimos empapados en la cama porque alguno de los dos se había saltado un paso en la cadena de montaje post aseo de churumbel. Era como si una fuerza interior nos hiciera olvidar el maldito pañal y nos castigase por ello. Llegué a optar por poner un cartel sobre el cambiador recordando cada uno de los pasos, de primerizos totales. Mis invitados en casa siempre pensaban que era una broma entre nosotros, nadie se creía que pudiéramos ser tan bobos.

¿NO SE OLVIDAN NADA?

Cuando tienes un hijo bueno, de esos que duermen en cualquier parte, todo es como un sueño. El problema de los críos que no se hacen notar es que muchas veces pasan demasiado desapercibidos. Noche de sábado, cena en un restaurante con unos amigos. Tras la sobremesa nos damos cuenta de lo tarde que es y decidimos irnos a casa. Nos despedíamos de los dueños del establecimiento ya acercándonos a la puerta cuando uno de los camareros sale del comedor para preguntarnos si estamos seguros de llevarlo todo. Éramos varias parejas y rápidamente nos pusimos a revisar bolsos, chaquetas, móviles… “Pues no, creo que no olvidamos nada”. Mejor no os digo cuál fue mi cara cuando me señaló a mi hija que dormía plácidamente sobre dos sillas al lado de una mesa. ¡Qué cagada!

AMAMANTAR POR ERROR

Eso de despertarse de madrugada para dar el pecho es de lo más duro cuando en tu vida siempre has sido una marmota con patas. Pasan los meses y no somos pocas las que no nos acostumbramos a que un llanto nos haga saltar de la cama. Aquella noche ya era la cuarta vez que sacaba la teta para que mi peque se tranquilizase y volviese a coger el sueño. Sin apenas abrir los ojos me destapé el pecho y lo acerqué para que comiese, pero algo ocurría, el pequeño cada vez lloraba y gritaba más y más. ¿Qué pasa? Venga, come… Varios intentos, me tumbaba y recolocaba, intentaba ayudarle a agarrar el pezón pero todo en vano. Ya cansada y asustada decidí encender la luz de la habitación. Mi retoño continuaba en su mini-cuna solicitando lo suyo, y yo llevaba casi diez minutos intentando amamantar a un muñeco. Yo se lo achaqué todo a la falta de sueño, y por supuesto jamás se lo conté a mi marido.

HOY DE COMER, POTITO

Si eres mamá trabajadora, de esas que van siempre a mil por hora, puede que entiendas mejor que lo que a mí me ocurrió, le puede pasar a cualquiera. Por las mañanas parece que los minutos pasan más rápido de lo normal y que hay que hacerlo todo a la velocidad del rayo. Vamos, que una llega a la oficina y respira por haberlo conseguido un día más. Aquella terrible jornada iba una vez más sobre ruedas hasta que llegó la hora de la comida. Me dirigí al comedor de la ofi, abrí mi bolsito, destapé mi tupper ya saboreando las alcachofas con jamón que tocaban ese día cuando… ¡horror! Divisé un fantástico puré de merluza. No me lo podía creer. Mis compañeros alucinaban con mi menú hiper sano (y nada apetitoso), y yo no dejaba de pensar en mi pobre hija mirando a las alcachofas y preguntándose qué tornillo se le había perdido a su mamá aquel día.

Si tú también has pasado por alguna situación similar a estas recuerda, amiga, no estás sola. Malas-mamás somos muchas. Con nuestras cagadas, nuestras decisiones, nuestros pequeños errores… pero sobre todo, con mucho amor del bueno.

Mi Instagram: @albadelimon

Compartir:

Login