Las revistas de “Esther”, el “Discoplay” donde podíamos pedirnos discos y cintas de cassette. Recuerdo especialmente una de mi ídola Madonna, allá por cuando se pasó de rubia a castaña en Like a prayer (yo también me teñí por su culpa).
El “Círculo de lectores” para buscar libros que te interesaban fuera de la única biblioteca del pueblo que en mi caso era la misma que la del cole, otra no había y dando gracias. Ese librito pequeñito, de páginas hiper finas y con miles de opciones que te llegaba a casa de vez en cuando y que tras elegir algo (tardando días en elegir para elegir bien) te llegaba como un regalo maravilloso a vuelta de correo.

Y por supuesto la reina madre de la prensa/literatura adolescente, la “Súper Pop”, la Biblia para nosotras. Aquello era el buscador tipo “tito Google” de tíos buenos, sobre todo, y donde se hablaba sin pelos en la lengua de su poquito de sexo, su mijita de historias de desamores y su ración de salseo de nuestros actores, actrices, cantantes o grupos favoritos. Ahí se ponía una al día de lo que se cocía en las vidas de los adolescentes (sobre todo, en el caso de la que suscribe, muy interesante para las que vivíamos en un pueblo.)
Que es que, además, no había Internet porque, además, es que no había teléfono en todas las casas siquiera, Mari. Con lo cual, ¿móviles? Sí, claro, auto-móviles sí había, coño, que no somos tan viejas. Pero en los 80 si querías aprender cosas, divertirte, estar a la moda, incluso buscar amistades fuera de tu círculo y “cartearte”, debías buscarlo y rebuscarlo. En aquella época no lo tenías a un click.
A los patines “Sanchesky” les sacábamos partido hasta los 17 por lo menos y el “loro” negro con doble pletina era el mejor regalo que podían hacerte. A mí me lo regalaron por mi 18 cumpleaños y…wow ¡¡ doble pletina chavalas!! No digo más, era la envidia de mis amigas. Menudos ratazos nos pegábamos escuchando a CC Catch, Modern Talking o Spandau Ballet.
Y luego, como no, en esta espiral de diversión viejuna en la que os estoy metiendo y que seguro a muchas os suena sobremanera, estaba la disco de tu pueblo. Para empezar los nombres de las discotecas de antaño estaban formadas por nombre y número, pero vamos, fijo. Y si me aprietas un poco, un horóscopo y un número de dos cifras, Mari. La de mi pueblo era “Sagitario-21”, conocimiento de causa que se llama.
Pero el tema discoteca ochentera da para rato y otro día os refresco las memorias u os ilustro al respecto, porque estoy sacando cintas de una caja medio oxidada del desván de mis padres y he encontrado el “Alchemy” de Dire Straits, así es que ya tengo el día hecho.
Os dejo desbloqueando recuerdos en 3, 2, 1…y ¡matadme si miento!