Cuando empecé en el nuevo trabajo jamás pensé que me saldría más caro que quedarme en casa. Y eso que no soy autónoma. Trabajo desde hace poco más de 6 meses en una pequeña empresa de seguros; yo soy la nueva administrativa, por lo que siempre estoy allí, mientras que algunos de mis compañeros (comerciales y cobradores) vienen una vez por semana o cada quince días, ya que están siempre en ruta.
Cuando empecé me recibieron con una tacita muy mona con bombones dentro. Un pequeño detalle de bienvenida. Lo que no pensaba es que ese mismo día me encasquetarían colaborar con 70 € para el regalo de la señora que me estaba formando y que se iba a jubilar la semana siguiente. Ese desembolso sin haber cobrado la primera nómina y para una señora con la que solo estuve 10 días.
A finales de mes fue el cumpleaños del jefe. Claro, era el jefe, había que estirarse con el regalo. Otros 50 € y, de nuevo, sin haber cobrado. Mientras iba contando cada céntimo que me quedaba para ir al súper y no pasarme, mi jefe se iba de spa con masaje y alojamiento con su mujer con mi último billete de 50.
Durante el segundo mes miraba con pánico a mi compañera embarazada. Esperaba que alargase el momento de cogerse la baja o me iba a salir caro.
Mira que manifiesto veces que me toque la lotería y no me sale tan bien como esto. A finales del segundo mes estaban planificando el baby shower para la embarazada. ¿Pero qué culpa tengo yo de que la gente se reproduzca? Por suerte esta vez pude cobrar antes.
Ya no fue solo el hecho de comprar la decoración fuera del horario laboral, que había que tener un regalo para el bebé y otro para la madre… sino que también hubo que hacerlo un puñetero sábado, cuando yo trabajo de lunes a viernes. Pero es que lo peor peor vino después: la puñetera tacita con bombones para la nueva chica que la iba a sustituir durante la baja de maternidad.
Al parecer, en la oficina tienen el mismo modus operandi: la última persona que entró es la encargada (y financiadora) de comprar la tacita con bombones. Y la mía había sido una taza de Mr. Wonderful con Ferrero Rocher. Otra vez a estirarse. Tercer mes y 120 € a la basura.
En ningún momento quise quedar mal con nadie, de verdad que no, pero fue inevitable. La exembarazada vino a la oficina a enseñarnos a su bebé. Después de conversar un rato nos invitó a TODOS al bautizo.
—Creo que no voy a poder.
Todos me miraron un poquito raro.
—Pero si no te he dicho la fecha, tonta, jajajaja.
Cagada monumental.
Y sí, fui a ese bautizo.
Y no, el regalo previo que le habíamos hecho no bastaba.
Y sí, había que pagar el plato.
Y no, no iba a ser un regalo conjunto de toda la oficina en esta ocasión. ¿Pero qué se regala en un bautizo si el último al que he ido fue al mío?
A pesar de haber tenido dos meses de descanso me dejé otro pastizal en el bautizo. Por suerte la otra pringada (la novata que la sustituye) me ofreció hacerlo entre las dos, por lo que «solo» nos dejamos 100 € por cabeza en un conjunto bueno de plata.
Este mes supongo que es el de mi descanso y beneficio, porque según el calendario de la oficina, YO SOY LA ÚNICA QUE CUMPLE AÑOS y espero que se estiren, sinceramente.
Mientras tanto, ya estoy enviando CV a otras empresas, a ver si les hace gracia en el mismo mes (con suerte) hacerme un regalo de cumpleaños y otro de despedida.