Hace unos meses que me pasó esto que os voy a contar y que me ha dejado, por ahora, una huella difícil de sanar. Cada vez que voy a abrir mi correo electrónico personal, siento un segundo de ansiedad por aquello que me pueda encontrar.
Recuerdo que el primer mensaje que recibí fue un sábado por la mañana. Fui a consultar mi correo personal cuando me entró un mensaje con el nombre y los apellidos de un chico con el que yo había estado, diciéndome cosas bastante desagradables.
Al principio, me quedé en shock y no contesté ni quise darle importancia. Al poco, esa misma noche, recibí otro correo parecido al anterior.
Al día siguiente, decidí contactar con el chico en cuestión por redes sociales, hacía tiempo que había borrado su número, y le pregunté, en tono bastante duro, que por qué me estaba mandando correos diciéndome semejantes barbaridades, que a qué venía eso ahora, a lo que él, sorprendido, me contestó que no sabía de lo que le estaba hablando.
Afirmó que ese no era su correo a pesar de tener su nombre y apellidos, supongo que alguien lo había creado para manipular la situación.
A pesar de que no sabía del todo si creer o no que no era él el autor de ese acoso, el hecho de que lo negara me causó más incomodidad aún, si no era él, ¿quién podía estar haciéndome esto? No tenía mucho sentido.
Podía haber archivado el correo, marcarlo como SPAM y fin del problema. Pero no quería hacerlo, alguien estaba en su casa pensando de qué manera podía hacerme daño y eso me generaba mucha ansiedad. Volví a increpar al chico diciéndole que iba a denunciarlo por acoso y él me dijo que iría conmigo a la policía porque a él le estaban suplantando la identidad.
Así pues, quedamos una mañana, y fuimos a comisaría. A pesar de que la policía nos dijo que investigarían los hechos, nos dijeron que todo sería muy lento, que había temas más importantes que investigar y que los insultos, al no ser amenazantes, no causaban tanta urgencia como podrían serlo otros temas.
Sé que podría haber seguido otros pasos para que no me llegaran más mensajes de esa cuenta, pero quería analizar detenidamente cada mensaje y poder llegar a descubrir por mí misma quién estaba detrás de ellos.
Empecé a responder a los mensajes, empecé a hacer preguntas, y en cada respuesta sacaba un poco más de todo lo que esa persona conocía de mí. Entendí que quien estaba detrás de estos mensajes era alguien que me conocía muy bien y el círculo iba estrechándose. Solo había explicado aquello a un par de amigas y decidí que no lo supiera nadie más para poder llegar al fondo del asunto.
No sé cuántos mensajes llegué a recibir llenos de odio, pero sí me daba cuenta de que alguien muy cercano a mí me odiaba muchísimo sin yo saberlo.
De repente, por la forma de escribir, a pesar de saber que podía fingir también esto, no sé ni por qué, pensé en una de mis mejores amigas de la infancia. Con ella, compartimos muchos momentos, pero últimamente estábamos un poco alejadas, no nos había pasado nada, pero el ajetreo de nuestras vidas nos había distanciado.
Entonces, la escribí para preguntarle cómo le iba todo, y hablando, le hice una encerrona con temas que no había hablado con ella, pero sí con la persona que estaba detrás de los mensajes.
Es muy largo de explicar por aquí cómo fue la conversación, pero no tuve duda alguna de que quien estaba detrás de todo aquello era ella.
También era de las pocas personas que sabía el nombre y el apellido de ese chico con quien había estado, en las redes no lo tiene puesto, y yo no suelo decir los apellidos de mis rollos a casi nadie, pero con ella una noche en mi casa sé que se lo dije porque era al principio de conocernos y lo buscamos en las redes.
Quedé con ella al poco para tomar un café y la confronté, quería decírselo en persona, ver su expresión, su mirada, y preguntarle si ella era la autora de esos correos.
Lo negó una y otra vez hasta que, al final, rompió a llorar y me confesó que había sido ella.
Me dijo que se sentía rechazada por mí, que ya nunca quedábamos, y que no sabía el porqué de la rabia que había llegado a sentir hacia mi persona. Me pidió encarecidamente que la perdonara y le dije que necesitaba tiempo.
La verdad es que no sé si podré perdonarla nunca, creo que las cosas se hablan y solo así pueden solucionarse; me hizo pasar momentos muy difíciles, me hizo tener pánico a abrir el correo y miedo de pensar que alguien me estaba acosando sin saber quién era y que en cualquier momento podría hacerme daño.
Solo le dije que debería buscar ayuda psicológica por su bien y que ya hablaríamos más adelante, cuando hubiera pasado bastante tiempo.
No si algún día volveré a contactarla, puede que cuando ya no me genere ansiedad abrir el correo y pueda entender como alguien que supuestamente te quiere puede hacerte pasar tanto miedo.
