Siempre he pensado que el trabajo era determinante a la hora de sentirme realizada y plena. He interiorizado mucho eso de “trabaja de lo que te gusta y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. Pero hace poco he cambiado mi perspectiva.

A mí lo que me gusta es la literatura creativa, pero voy para los 40 y eso no me da para pagar facturas. Sin tener un don al nivel de Premio Cervantes, suerte o el aval de una editorial que come de mi mano, solo con esto una no sobrevive. Así que me dedico a escribir, sí, pero no precisamente cosas que me gusten o motiven, sino lo que va saliendo (sobre todo, dentro de la publicidad y el marketing). Eso me ha llevado a una crisis existencial: no estoy haciendo lo que me gusta y, encima, tengo pocas posibilidades de prosperar.

En la secuencia lógica lo siguiente era preguntarse: “Entonces, ¿qué te gusta verdaderamente? ¿Qué quieres hacer?”. Fue entonces cuando definí mi propósito. Y no es escribir, sino otra cosa.

Mi propósito es tratarme con regalo y vivir experiencias satisfactorias.

Lo que a mí me mueve es hacer cosas que me gustan. Me mueve escribir, leer, comer, bailar, viajar y follar. Son las cosas que me motivan y me ilusionan. En el día a día, tener en el horizonte la posibilidad de hacer alguna de las cosas anteriores me mantiene canturreando y sonriente.

¿Qué necesito para poder hacer todo lo anterior? En parte, dinero. Dinero para libros, para cursos de escritura, para bares y restaurantes, para pubs de tardeo, para aviones, para hoteles y para condones y juguetes sexuales.

¿Qué es lo que da dinero? Trabajar. Una necesita trabajar si quiere dinero siendo pobre, como es mi caso.

Así que le he dado la vuelta al asunto y ahora no estoy buscando un trabajo que me llene y me ayude a cumplir con mi propósito en la vida. Busco un trabajo exclusivamente como medio con el que conseguir cosas, sin más. Trabajar para vivir, no al revés.

Os puede parecer muy hedonista y egoísta. Puede que lo sea, pero cada cual vive su vida como puede o quiere. Ninguna de las cosas que me gusta hacer están reñidas con cuidar a los seres queridos ni involucrarse en causas sociales, de todas formas.

A mí me ha resultado muy liberador esto. Me ha quitado la presión de definir qué me gusta hacer verdaderamente e ir a por ello. Hay personas que lo tienen claro, como la amiga que sabe que quiere dedicarse a enseñar y tiene un plan: sacarse el grado, estudiar oposiciones y dar clases particulares mientras tanto. Todo lo que hace es en base a ese objetivo último, porque es lo que la llena y la hace feliz. Pero no es mi caso, no soy de esas afortunadas que puedan casar pasión y medio de vida.

Comenté esto con mi terapeuta y le pareció un enfoque adecuado. Me puso ejemplos de personas que usan el trabajo en base a su propósito, no por vocación. Han encontrado el equilibrio y viven felices.

Así que lo último que me he propuesto es encontrar un trabajo decente de lo que sea, aunque no cuadre con mi formación y trayectoria. El único requisito es que no me cueste la salud mental. Mientras pueda hacerlo bien, iré feliz cada día a mi puesto y cumpliré sin más, sin ambiciones. Y, a final de mes, mi sueldo en el banco y a vivir lo que pueda en base a mi propósito.

¿Os parece un enfoque adecuado? ¿Creéis que el trabajo sí debe ser algo que te guste y te llene, ya que hay que dedicarle mucho tiempo durante buena parte de tu vida? ¿O compartís esa filosofía de verlo solo como un medio de supervivencia, caprichos y/o sustento familiar y nada más?

Esse