No es la primera vez que escribo algo referente a algún suceso que me haya ocurrido en el trabajo, pero es que trabajar en el comercio da para escribir un libro… Aunque he de decir que en esta ocasión, la anécdota no está relacionada con un cliente en sí. Podría decir que con un trabajador, pero tampoco, pues el trabajador fue el detonante, pero no la bomba… Os cuento:

Por aquel entonces trabajaba en un supermercado como adjunta de encargada y tuvimos varios problemas con la empresa que nos llevaba el reparto a domicilio. Resumiendo para no extenderme con detalles innecesarios, el chico de los repartos, llamémosle Voldemort,  era un perla que nos dejaba los repartos colgados cada vez que no le venía bien hacerlos, sin más explicación que apagar el teléfono. Por no decir que nos tiró los tejos a todas y cada una de las trabajadoras con célebres y maravillosas frases como: “Yo siempre quise tener una novia que trabaje en un supermercado”, entre otras genialidades.  Ya, yo también le veo lagunillas al procedimiento pero oye, no iba a ser yo la que le diera lecciones de ligoteo a un tipo que me cae peor que una patada en el culo.

El caso es que tras meses de incidentes llegó el día que todo tenía que explotar y… ¿a quién le tocó? Efectivamente, a mí. Aquel día era uno de estos previos a los festivos de Semana Santa en los que le trabajo se multiplica por 10 y no da tiempo ni de pararse a beber agua, cuando llega casi a las dos de la tarde Voldemort a recoger un pedido que teníamos pendiente para primera hora de la mañana.

 

Yo le recrimino que ha llegado tarde, que no ha avisado, que no me ha cogido el teléfono, que el cliente ha llamado para quejarse… y él me dice de muy malas formas que le meta las bolsas en cajas (trabajo  suyo, no mío). En ese momento se me pone el contador de paciencia  a cero y la tensión a mil. Detrás de mí, una compañera le decía a otro: “¡las caras Juan, graba las caras!” Y estalló la Tercera Guerra Mundial en aquel supermercado. A mí, que por lo general suelo ser conciliadora y no me gusta faltar el respeto, se me olvidó cualquier norma de decoro y todo acabó conmigo gritándole al innombrable frases como: “Las bolsas las vas a meter tú en las cajas con los huevos”, “Eres un flojo y un irresponsable” o “si el trabajo fuese morcilla te comías el pan seco”. Y tras esto llamo a mi encargado, a mi supervisor y al jefe de Voldemort para explicarle todo lo ocurrido. Así que según yo, el tema estaba zanjado. 

SPOILER: NO ESTABA ZANJADO.

Al día siguiente me tocaba turno de tarde y estaba yo reponiendo en un pasillo cuando se me acerca una muchacha que no había visto nunca antes y me pregunta:

  • Perdona ¿la encargada?
  • Encargado, está a punto de llegar.
  • No, no, yo quiero hablar con la encargada.

A mí la cosa me parece sospechosa porque esa persona iba buscando a alguien en concreto en ese supermercado, pero no le quedaba muy clara la jerarquía de mando. 

  • No mira, es que aquí tenemos a un encargado, pero yo soy su adjunta, si te puedo ayudar en algo…

Y ahí, hace su presentación:

  • Verás, soy la mujer de Voldemort y…

En ese momento cortocircuité. Y no por el hecho de que esa mujer venía a buscarme sin yo saber las intenciones que traía (que oye, por el barrio en el que estábamos, que viniera a partirme la cara no habría sido nada descabellado), sino porque… ¡¡¡Voldemort estaba casado!!! ¡Pa mear y no echar gota! Rápido reaccioné y le dije con mucha naturalidad:

  • Vale, entonces a quien buscas es a mí.

Por la cara que puso yo creo que la pobre mujer no se esperaba esa respuesta.

  • Es que le has dicho a mi marido que es un vago.
  • Claro, porque es un vago.

En ese momento entra mi encargado y se une a la conversación sin saber de qué iba la cosa ni quién era la señora que estaba hablando conmigo. Yo le pongo en contexto:

  • ¿Te acuerdas lo que pasó ayer con Voldemort?
  • Si 
  • Pues te presento a su mujer.

La cara de mi encargado fue la misma que puse yo al enterarme que ese señor tenía mujer. La señora se dirigió a él:

  • Verá, mi marido es una persona súper trabajadora y muy responsable.

Yo me reí. Prometo que no quería provocarla, me salió solo… Solo una persona que no trabaja con Voldemort puede creer que Voldemort es trabajador y responsable. Mi encargado me dio un pequeño codazo, pero ambos sabíamos que él también quería reírse. Se dirige a ella:

  • Mire, en realidad llevamos un tiempo en el que Voldemort no está siendo demasiado formal en su trabajo y quizás con todo el estrés se llegaron a decir cosas que igual no se querían decir…
  • ¡¡¡Mi marido trabaja muchas horas!!!

Yo, que llegados a este punto si me muerdo la lengua reviento, intervengo:

  • Que tu marido se tire 12 horas metido en una furgoneta haciendo quién sabe qué no significa ni que sea trabajador ni mucho menos  responsable. 
  • ¡¡¡Mi marido… (bla, bla, bla, bla..)!!!
  • ¡Tu marido es un flojo y eso lo sabemos todos en esta empresa y supongo que en la suya también!

Y ahí, que estaba ya hasta el mismísimo papo de escuchar gilipolleces, doy por zanjada mi intervención, me doy media vuelta y me voy. Cuando escucho a mi encargado decir, intentando aplacar el asunto:

  • Entiende que mi compañera esté un poco fuera de juego, no es lo habitual que venga la pareja de un compañero a pedir explicaciones por una discusión de trabajo, pero seguramente ella no ha querido decir eso…

Uy que no, uy que no… Obviamente me doy media vuelta:

  • ¡POR SUPUESTÍSIMO QUE QUISE DECIR LO QUE DIJE! Es más… Subo el nivel… ¡TU MARIDO ES UN SINVERGUENZA! 

Mi encargado no sabía ya qué hacer conmigo, ni dónde meterse… Se mascaba la tragedia.

  • Virgi por favor…

La señora de Voldemort seguía en su cruzada por beatificar al susodicho y mandarme a mí directamente al averno:

  • ¡Mi marido jamás le faltaría el respeto a una mujer, pero si tú eres una maleducada se tendrá que defender!

Llegados a este punto, después de aguantar durante meses las informalidades y las salidas de tono de Voldemort, no estaba dispuesta encima a que viniera la defensora de las causas perdidas a mi puesto de trabajo a pedirme explicaciones de nada, así que la poquita empatía que me quedaba con ella en ese momento se evaporó. Y si, no voy a negar que en esa situación también fue un poquito el orgullo lo que me llevó a darle la contestación final… It´s the final countdown!!!!!

  • Mira bonita, a la primera persona que tu marido le ha faltado el respeto es a ti, porque aquí le ha tirado la caña hasta a la fregona que tenemos olvidada detrás de la puerta del almacén. Si no pregúntale al encargado cuántas de nosotras nos hemos quejado en estos meses del baboso de tu marido.

Solo llegué a ver que mi encargado se echó las manos a la cabeza, pensando que ahí iban a caer hostias como panes. Pero no, la muchacha se quedó petrificada, entiendo que en su mundo ideal era lo último que  esperaba oír del santo de su marido. Yo tampoco le di más margen de respuesta porque me fui, esta vez del todo. Y lo que se quedaran hablando mi encargado y ella no lo sé porque estaba tan cabreada que no quería ni preguntar. Solo sé que tras quejarme a mis superiores de lo sucedido, mi empresa dejó de trabajar con esta gente. 

VirPino