Con el estreno de la nueva peli de Bridget Jones, que, por desgracia aun no he podido ver, me ha entrado la nostalgia y me puse un día a ver las pelis viejas.

¿Os acordáis de la escena mítica de las bragas? Si, esa en la que Bridget está a puntito de tirarse a Daniel Cleaver, pero en el último instante sus bragas de abuela le juegan una mala pasada y se le arruina el momento (o descubre una gran red flag, según lo mires).

Pues, de repente, me siento super identificada con ese problema.

No por mis bragas de abuela, que ya las he abrazado como parte de mí. Son cómodas, son buenas, son de algodón, y aunque no sean las mas bonitas, para lo que me van a durar puestas pues me la pela. Ande yo caliente, ríase la gente que diría mi abuela.

No, mi problema viene con las medias. O, si recuerdo correctamente, con lo que técnicamente se llaman pantis.

Cuando era joven, yo solía usar siempre medias de estas de silicona que llegan hasta media pierna. Según las varias parejas sexuales que he tenido, son el santo grial del erotismo. Era intuirlas y volverse locos.

Aunque no las empleaba por eso, sino porque, sinceramente, siempre me han resultado mas cómodas. Me molestan mucho cuando las llevo en la tripa, me aprietan, se me enrollan, me marcan barriga…así que aquellas me iban mejor.

Ahora, veinte años y veinte kilos más tarde, ya no son una opción porque a mis muslos les encanta empezar la fiesta antes de hora y me dejan fuera de combate.

Así que la solución son los pantis.

Por suerte, ahora hay marcas de pantis mas inclusivas y que no me aprietan tanto las carnes. Pero el problema es que son lo más anti erótico que he visto en mi vida.

Para que se sientan cómodos, me los tengo que subir casi hasta los sobacos. Así, no me oprimen, no me dividen la barriga en dos, no se me caen, y no se marcan con la ropa que lleve puesta. Pero cuando esa ropa desaparece…como que lo mas tentador del mundo no son.

Imaginaros el cuadro. Tú, ahí medio en cueros, con el guapo subido, con las tetas en la garganta gracias a sujetador monísimo de la muerte que te ha costado medio sueldo… que ni siquiera se ve porque está cubierto por unas medias que te llegan hasta las tetas.

Por “suerte” para mí, vieja, casada y con hijos mi vida sexual ya ha dejado de ser un “aquí te pillo aquí te mato” para pasar a ser algo planificado y que sucede tan a menudo como las veces que puedo cagar tranquila. Me da tiempo a prepararme y dejar el asunto presentable.

Pero, por favor, por si algún día vuelvo a formar parte de la población sexualmente activa, ¿Cuál es el secreto para el éxito? ¿Pasar de las minifaldas y aficionarme a los pantalones? ¿Congelarme saliendo de casa con las piernas al aire en pleno diciembre?

Andrea M.