Era de esperar que el consumo compulsivo se acabara aplicando también a los cuerpos. Follar mucho siempre se ha asociado con la satisfacción y considerado algo propio de hombres y mujeres exitosos, no como los casados tristes que lo hacen una vez a la semana y gracias.

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Que los comportamientos que tenemos de adultos en las relaciones tienen su raíz en la infancia no es algo que yo me haya sacado de la manga, claro. Hay cientos de artículos, como este, que explican que la presencia o ausencia de refuerzos emocionales a un niño va a tener consecuencias cuando sea adolescente y adulto.

Las carencias afectivas, con frecuencia, deparan baja autoestima, inseguridad, autoconceptos alterados o dificultades de adaptación al entorno, entre otros problemas. Todo eso, dentro de una relación, se puede traducir en la necesidad continua de aprobación y de sentir seguridad.

Adictas a Tinder

Tengo en mi entorno dos casos de mujeres con casos peculiares. Una de ellas se crio prácticamente sin padres. Su madre falleció siendo ella muy joven, y el padre no se hizo presente como debería haberlo hecho. Es más, la abandonó casi por completo en favor de una nueva familia, obligando a esta chica a madurar y ser independiente mucho antes de lo que le correspondía.

Ella se machaca en el gimnasio casi todo el tiempo que no está trabajando o haciendo tareas básicas de supervivencia, como comer y dormir. Se autoexige y exige estándares físicos altamente normativos a todos sus ligues. Si tiene un mínimo de barriga o brazos flácidos, next. Prefiere asumir el riesgo y acabar descartando a cualquiera que, siquiera, pueda hacerla reír después del polvo.

Tiene un grupo muy reducido de amigas que se preocupan, pero ella hace poco o nada por cuidar y mantener el vínculo. Es más, cuando logran cuadrar un viaje para estar juntas, ella siempre acaba desmarcándose y repitiendo que tampoco tienen que ir todas a los mismos sitios todo el tiempo. Una relación similar mantiene con unos pocos familiares de los lados materno y paterno.

La otra mujer a la que me refiero tuvo una infancia similar. Su padre enfermó siendo ella muy joven y su madre se dedicó a cuidarlo en cuerpo y alma, mientras sus dos hermanos, mucho mayores que ellas, hacían sus vidas de adultos con sus parejas, casas e hijos.

Ha saltado de relación en relación con una entrega intensísima desde el primer momento, borracha de amor. Hasta que tocaba construir algo más serio, se le desinflaba el amor y, entonces, se daba cuenta de que esa persona no era para ella. Entre relación y relación, reactivación del perfil de Tinder y quedadas diarias para el sobeteo con tipos a los que no conocía de nada. Yo no sé las veces que llevo escuchadas descripciones de pollas o de cómo se movía este o aquel.

Hace unos meses, comenzó a ir a terapia. Al poco tiempo conoció a un chico del que se enamoró perdidamente y dejó de ver a la psicóloga. “Ya estoy bien, es obvio. ¿O acaso no se me nota feliz con [chico nuevo]?”.

Las lecturas del consumo compulsivo

Mi intención con esto no es psicoanalizar a nadie ni escribir pseudodiagnósticos psicológicos de a euro. Habrá a quien le guste el sexo con muchas personas distintas sin que eso signifique nada, claro. De hecho, la libertad sexual y la superación de las restricciones morales que nos llenaban de culpas se puede considerar un avance social. Especialmente para las mujeres, que han estado más sometidas a yugos de este tipo.

Pero “que cada cual haga lo que le dé la gana”, es como suelen terminar las conversaciones sobre estos temas. Cualquier cosa con tal de no afrontar una realidad que se ha normalizado, gracias al individualismo crónico y al mantra de la libertad personal: gente hecha mierda por carencias afectivas, desapegos, baja autoestima o aspiraciones imposibles que buscan desquitarse con el consumo compulsivo de productos, servicios o sustancias, incluyendo los cuerpos ajenos.