Conozco muchos matrimonios y relaciones de pareja, tanto buenas como no tan buenas, y he visto que algo se repite en todas ellas. Siempre hay quién es “buen enfermo” y otr@ que es “mal enfermo”. Por norma general somos las mujeres las que toleramos mejor las enfermedades y malestar. Por lo menos en los casos que conozco. Nosotras seguimos adelante con lo que nos echen, y el hombre, ellos con menos ya les inhabilita para hacer y deshacer.
Que el mundo se acaba, vaya. Ya sea por la alergia, por mocos, por fiebre, o por dolor de barriga, que cada vez que sucede… El mundo se acaba. Se encierra en la habitación, apaga la luz y se olvida de nuestra existencia.

Entonces me pregunto si ¿son ellos débiles o es que yo me he acostumbrado a seguir aunque me caiga un rayo encima? ¿Somos masocas? ¿Tanto nos cuesta eludir nuestras responsabilidades cuando NO estamos bien? Y la peor pregunta de todas: ¿Cuántas madres han limpiado la casa, cocinado para todos y jugado con sus hijos a 40 de fiebre?
Recuerdo las mismas actuaciones en mi padre, mis tíos y mis primos. Recuerdo a mi abuela y a mis tías tirar adelante con cualquier cosa. Recuerdo a mi propia madre salir adelante con un esguince en el tobillo en la pierna buena (es coja, lo ha sido siempre). Recuerdo a mi suegra sacando un negocio adelante mientras hacía la quimio por cáncer.
Me veo a mí misma yendo a trabajar SIEMPRE ya fuera con anginas, fiebre, migrañas, e incluso con una fisura en el ligamento de la rodilla.
Y ellos, en cambio… No. Cama, reposo y que no les molesten. Que alguien me diga que no siempre es así. Que puede cambiar. Porque hasta el momento había sido una simple reflexión, pero empieza a convertirse en problema cuando dejáis de ser «pareja» y pasáis a ser «una familia». Hay otro ser vivo que os necesita al 100%. Y si no es a tope, por lo menos a medio gas. No podemos pretender que la otra persona asuma todas y cada una de las responsabilidades, debemos seguir colaborando en la medida de lo posible.
Atentas. No hablo de casos graves como recuperarse de una operación o la pérdida de un brazo. Hablo de cosas más suaves: Gripe, anginas, gastroenteritis, migrañas, dolor muscular, fiebre… El mundo sigue y no se va a detener por eso.

Sé que la comunicación y el diálogo suele ser la solución ante cualquier conflicto de pareja, pero cuando se pone malo es imposible hablar con él: “No está para nada ni nadie”. He tratado de hacerlo cuando ya se ha recuperado y entiende el mensaje que le doy (nada extremista: ni necesito que haga lo mismo que cada día ni que desaparezca del mapa, algo más equilibrado) pero después a la hora de la verdad… Nada.
Hemos acordado que en los momentos más críticos (ducha, comida o cena) estará pendiente y ya van tres o cuatro veces que sucede lo mismo: Se pone enfermo, se tumba y se pasa día y noche durmiendo para recuperarse. Y yo me quedo al mando de todo, con el niño y la casa por barrer.
¿Alguien más en mi misma situación que pueda arrojar algo de luz al asunto?
MOREIONA